15/7/24

359. Inodoro mundial

     A estas alturas del verano, muchas familias, parejas, amistades y almas solitarias, ya se habrán ido a infestar las playas. Y en sus aguas, además de flotar como boyas y bracear con torpeza, sonrientes y cómplices también se habrán cagado y orinado. Cuando no, y sin inmutarse, habrán enterrado colillas en la arena y abandonado compresas y condones usados al capricho hipnótico y sedante de las olas.

    De dónde vendrá ese irrespeto por uno de los reclamos poéticos más manidos.


    

11/7/24

358. Asilvestrados

    Da igual cómo lo llamen. Si Mosh Pit, Circle Pit o Wall of Death. En los treinta y tres años que llevo de conciertos —ya sean aislados o en festivales— he presenciado cientos de esas manifestaciones brutales, intensas y sobrecogedoras. 

    Cuando era joven también participaba y siempre cumpliendo las reglas. Primero: nadie mete a nadie en la vorágine a traición. El que se mete es por voluntad propia y sale del centrifugado o colisión humanas cuando quiere. Segundo: si alguien cae durante la barbarie no pasamos por encima ni lo barremos cual despojo: levantamos el cuerpo, comprobamos que sigue con vida y lo apartamos (todo eso en pocos segundos y a la carrera).

    Lo antedicho, con según qué grupos ese respeto por la vida y la integridad física no se da como debiera, pues se desata una especie de Capoeira letal cuya premisa es: si te metes, tú mismo. Es tal el nivel de salvajismo, que a veces el cantante ha de intervenir para apaciguar a las bestias. Sobre todo ocurre en salas pequeñas convertidas en ollas de presión.

    Pero lo que entraña verdadero peligro es cuando estás en el supermercado en hora punta, y una cajera anuncia, sin mirar a nadie en particular y con el miedo en los ojos, que nos pongamos por orden de cola en la caja que va a abrir.      

    Ahí no hay quien te salve ni camaradería alguna.



8/7/24

357. Peluquería vs barbería

    Todos y todas, poco o mucho, alucinasteis con Eduardo Manostijeras cuando se ponía a cortar cabello humano y pelo animal. Parecía no tener rival, pero considero, y con mucha seriedad, que Fígaro está un par de escalones por encima. Esté en Sevilla, Burundi o Dagobah, Fígaro es el amo del corte sin sangrado. Es decir: estético.



4/7/24

356. RF 2024

    Ya está todo dispuesto para que unas cuantas miles de personas de todas partes del mundo, nos reunamos por octava vez en el Parque de Can Zam como una gran familia de desquiciados, para lo que siempre son —salvo sorpresas futuras, que nunca se sabe— los tres mejores días del año. A buen seguro me desprenderé de todas mis mierdas y demonios, y encontraré un momento, entre la sudorosa multitud y el ruido, para brindar por los buenos y cagarme en los malos. 

    Nada ni nadie nos podrá detener.



    P.S: Las imágenes del vídeo corresponden, de momento, a la última edición realizada.

1/7/24

355. Desde la ventana

    Era sábado por la noche y hacía calor. A los muchachos de las gorras con la visera en el cogote aún les quedaba energía que gastar encima del monopatín. Yo los contemplaba asomado a la ventana de la habitación en la que escribo, mientras que a mi espalda se desataba un huracán de guitarras eléctricas en plena distorsión. 

    No era el único espectador, por supuesto. A esa hora había multitud de ventanas —y balcones— abiertas a la gran ciudad, que vomitaban ritmos enloquecidos a gran volumen desde los amplificadores de su interior. Algunos pisos, sobre todo los del casco viejo, vibraban por los tonos de baja frecuencia, y los coches aceleraban con brusquedad o emprendían viajes sin retorno.

    En verano, los sábados por la noche todo parecía ir más rápido. La gran masa unisex de adolescentes que veía pasar ignoraba a los chicos del monopatín. Nunca se subirían en uno, pero también vivían a gran velocidad.     

    Muchos de esos chavales, excelentes personas unos, retrasados mentales otros, se han depilado de arriba abajo mientras fantaseaban con conseguir el sexo de ciencia ficción que existe en su imaginación. Y antes de salir se han mirado cien veces en el espejo hasta convencerse de que tienen la barba bien arreglada.

    Algunos de ellos follarán, sí. Y otros acabarán con una botella de alcohol en la mano y un porro en la otra, intentado entender qué coño buscan en realidad esas chicas. Claro que también es posible que alquilen los servicios de alguna puta si la necesidad acucia.

    Por otro lado, muchas de esas chicas, magníficas personas unas y subnormales otras, también habrán rasurado sus cuerpos porque no son ella, y maquillado sus rostros con la ilusión de ese polvo histórico con un chico que no existe. O mejor aún: ese ideal que tan bien ha vendido la industria del romance cinematográfico más taquillero. 

    Muchas de ellas se han embutido en ropa dos tallas menores, aunque sus carnes pugnen por liberarse y alucinen al ciudadano, a partes iguales, ante tal carencia de complejo y abundancia en lo grotesco.

     Algunas de ellas también follarán, claro. Y las que no se follarán a sí mismas en la fría soledad de su cama, a no ser que reduzcan la altura de su listón para acabar con el tipo más gilipollas del local; cuando no el más indeseable.

    La noche del sábado acababa de empezar y su final ya estaba definido de antemano. Era una fuga imposible plagada de decisiones erróneas. Un territorio mil veces explorado que hace tiempo dejó de interesarme. Quizá por demasiado viejo; puede que por demasiado harto. Por eso tú y yo, querida desconocida, ya nunca coincidiremos. 

    A no ser que, pese a la distancia, advirtamos el cruce de nuestras miradas la próxima vez que nos asomemos a la ventana.



27/6/24

354. Últimas voluntades

    Pese a que era verano, el día era desapacible y gris, pues me dirigía a la funeraria a velar a mi amigo Hierónides, que por lo visto, en su cumpleaños número ochenta y nueve, se pulverizó la cabeza de un disparo, con la misma arma con la que disuadía a los malhechores de invadir su viñedo y apropiarse de su ganado: una escopeta de cañón triple. 

    Fue tal la destrucción ocasionada, que Oristilo, el talentoso tanatoestético del pueblo, curtido en mil y una reparaciones craneofaciales, nada pudo hacer al respecto, salvo extraer los fluidos corporales y vestirlo como corresponde.

    Con todo, Hierónides lo tenía todo calculado, y debió pensar que nadie puede despedirse de sus seres queridos si no hay un rostro, en paz, al cual dirigirse. De modo que en su testamento dejó constancia de que en el espacio que su cabeza ocupó en vida, debía colocarse la de un maniquí de su elección y ser exhibido así en el ataúd. 

   Cojoncio, el albacea del pueblo, tal y como corresponde al rigor de su trabajo, consiguió que se cumplieran todas y cada una de las exigencias del fenecido. Y los allí presentes, en un ambiente de profundo respeto y seriedad, pudimos despedirnos como Dios manda del trajeado e impoluto cadáver de Hierónides.

    Así como de su cabeza con peluca de cresta verde, ojos de cristal muy abiertos —uno fucsia y el otro naranja—, grandes orejas de goma y barba luenga pelirroja.



24/6/24

353. Desde Lesbos con amor

    Tus palabras han sido tan reales como el Ministerio de Hacienda, porque has elegido el verano para decirme que ya no volveremos a copular juntos. Que ahora eres lesbiana y que, aunque te siguen gustando los penes, ya no te gustan si cualquiera de ellos está pegado a un hombre. 

    Entiendo con muy pocas palabras y sé que estas cosas suceden. 

    Lo que no comprendo es por qué me has contado cosas al respecto que yo no te he preguntado. Como que prefieres que ahora sea la de los tatuajes en la cara la que llene todas tus oquedades erógenas, ya sea con penes artificiales y bates de béisbol, cuando no con la totalidad de su antebrazo bien lubricado.

    Yo siempre he creído que eras bisexual, pero parece que no te conocía tan bien como pensaba. Seguro que hasta es verdad que has mantenido relaciones carnales con tu caniche, tal y como me dijiste. Y bien sabes que te denunciaría si pudiera demostrarlo. Más que nada porque sé que no le gustas a ese pobre chucho, a pesar de tus notables artes amatorias.  

    No voy a guardarte rencor por tu nueva preferencia sexual, que ya somos mayores. De hecho, siento que debo agradecerte, por ejemplo, que siempre me hayas permitido sodomizarte. Y por supuesto, aunque me llames prejuicioso, anticuado y egoísta, no pienso ser el receptor de tus bolas chinas como condición para que vuelvas conmigo.

    Antes pillo una intoxicación etílica con Lola




20/6/24

352. La hora cero

    Parece mentira, pero tú y yo ya hemos sobrepasado la cincuentena. Ya hemos recorrido, a veces juntos, otras separados, más de la mitad del camino, con algunas heridas y no pocos disgustos. Supongo que como yo, poco o mucho y sin venir a cuento, los recuerdas a todos. 

    A Mariano, que poco después de pagar sus deudas y de jugar su última partida al dominó, aparcó la moto en el arcén de la variante que bordea el pueblo, y en el punto más alto se arrojó desde los más de cien metros de altura que lo separaban del suelo.

    A Xavi, cuando pretendió colgarse de la baranda del balcón. Vi en tu cara que te horrorizó más el que la cuerda se partiera y muriera roto contra el suelo, que no el acto en sí. 

   Al hermano de Juan, cuando se lanzó al vacío desde la ventana de su habitación. Nunca dejó de medicarse contra su trastorno mental grave, y parecía estar en su mejor momento, pero bastaron aquel par de segundos en los que sus familiares bajaron la guardia para cambiar de opinión y acabar.

   A Irene, que decidió darse un banquete exprés con todo lo que encontró en el botiquín del lavabo —que no era poco—, hasta lograr una fulminante intoxicación medicamentosa.

    Los conocíamos a todos. Sabíamos de sus circunstancias y de sus vidas complicadas, pero nunca imaginamos que, espaciados en el tiempo, elegirían la hora cero.  

    Resulta increíble, pero tú y yo todavía seguimos teniendo razones para permanecer y sentir el paso de los días. De levantarnos al despertar del sueño y, de vez en cuando, mirar la hora que marca el reloj.



17/6/24

351. Lola

    Quién, en su sano juicio, querría ir con una persona como Lola, que grita y bebe. Seguro que una mujer así sería señalada por el patriarcado más rancio y por el feminismo recalcitrante de nuevo cuño; tan parecidos, tan odiosos. 

    Lola también se masturba con frecuencia y de vez en cuando consume pornografía. Cosa increíble por otro lado, ya que eso solo lo hacen los hombres, que son unos guarros y unos salidos, y solo piensan con los genitales.

    El caso es que Lola ahora ya no está sola: ahora está conmigo. Aunque tratándose de Lola no lo tengo del todo claro. Supongo que es más acertado decir que soy yo quien está con ella. Porque Lola siempre es la que elige, como elige beber y elige gritar.  

    La conocí una noche en la que hizo suyos la mayoría de los bares de la ciudad. Y es que Lola bebe mucho. Bebe más que cualquier otra persona que yo haya conocido. Y eso que he conocido a auténticos animales capaces de agotar las existencias de una licorería en pocas horas.  

    Ninguna mujer, pero sí muchos hombres, quieren hacerse amigos de Lola, ya que cuando bebe, y encima grita, despierta la admiración de la concurrencia masculina y el desprecio de la femenina. Pero eso a ella le da igual: lo primero y lo segundo. ¿Se puede ser más libre?

    Así que, de momento, estoy disfrutando de la compañía de Lola, hasta que el día menos pensado decida apartarme de su lado para estar sola de nuevo. Sé que ese día llegará, y no le guardaré rencor por ello. Al contrario: la recordaré entre trago y trago, confiando en que jamás cambie.

    En que nunca deje de ser ella, a pesar de la sociedad.



13/6/24

350. Ángel y Demonio

    Ángel y Demonio estaban sentados uno frente al otro, a la misma altura. En medio de ellos había una mesa en la que estaba dispuesto todo lo demás. Yo, desde un lugar insignificante de todo lo demás, les pregunté: 

    —¿Podéis responderme con sinceridad?
    —Pregunta —dijo Ángel, mientras que Demonio ni siquiera se dignó a mirarme.
    —Quiero saber lo que todos quieren saber. Lo que alguna vez todos nos hemos preguntado. Por eso os pido a vosotros, que podéis ver más que nadie, que me describáis el futuro. ¿Se parecerá al Cielo? ¿Será como el Infierno? ¿Cómo será el futuro?

    Ángel iba a responder, pero Demonio se le adelantó:

    —Si Ángel me lo permite, yo te describiré el futuro.

    Un silencio solemne ocupó aquel trozo de espacio-tiempo, que era el Primer Tiempo. Ángel asintió sin disimular su descontento, y Demonio me miró con cierta indolencia y empezó a hablar.

    —Tan pronto os multipliquéis sembraréis la Tierra de fronteras, y en lugar de compartirla viviréis en guerra constante por ocuparla. Arrasaréis bosques y enormes extensiones, y en ellas construiréis arterias de alquitrán y bloques de cemento. Los más afortunados viviréis en jaulas de oro y vuestros hijos crecerán solos, porque madres y padres estaréis demasiado ocupados en conseguir las cosas que vuestras sociedades fallidas dirán que necesitan. Vuestro sistema de vida contaminará los mares y escupirá veneno de sus chimeneas industriales, el aire ya no será tal y os matará poco a poco. Una densa capa de humo será vuestro techo, y el suelo que pisaréis empezará a morir de sed, de modo que el agua será el nuevo oro por el que os mataréis, aunque muchos de vosotros moriréis de enfermedades curables por el mero hecho de no haber nacido en el lugar adecuado. Iréis perdiendo la esperanza y la memoria en favor del miedo y la codicia, y seréis meros instrumentos al servicio del coste y la producción, que tratará de venderos ilusiones que jamás podréis comprar. Vuestros líderes os traicionarán tantas veces como los coloquéis en sus posiciones de poder, y cuando no estén, serán sus hijos quienes continúen con el engaño. Así será siempre vuestra historia —concluyó Demonio, como si hubiera atendido un simple trámite.

    Ángel estaba en silencio y me miraba apenado, y yo le pregunté:

    —¡El Cielo, Ángel! ¿Puedes describirme el Cielo?

    Antes de que Ángel contestara, Demonio volvió a adelantarse.

    — Es el Cielo lo que te he descrito —respondió con voz profunda. Y sonrió.
    —¿Es cierto eso, Ángel? ¿Es cierto?

    Ángel, avergonzado, bajó la mirada.


10/6/24

349. Espejo

    ¿Has visto la película Candyman: El Dominio de la Mente (1992)? 

   Pues me han contado que si delante de un espejo y mirándote a ti mismo, pronuncias cinco veces seguidas la frase "independencia para Cataluña", te sale del espejo un nacionalista español y te suelta cinco hostias.



6/6/24

348. Del suicidio con pistola

    Para acometerlo con éxito de una sola vez, conviene seguir algunas directrices. 

    Revise su arma para evitar posibles problemas de encasquillamiento. Haga lo mismo con el cargador y asegúrese de que al menos haya una bala y que, por consiguiente, no tenga oportunidad de un segundo disparo.

   Aunque sea menos poético que un tiro en la sien o en el corazón, apunte su pistola al paladar. Respire hondo dos o tres veces tomándose el tiempo necesario para ello. Piense que si todo va bien son sus últimas bocanadas.

   Si deja alguna nota aclaratoria, que sea lejos de usted, pues las salpicaduras de sangre y los trocitos de masa encefálica dificultarán la lectura post mortem.

   Con firmeza y convicción, coja la pistola con las dos manos, ya que pueden aparecer temblores antes de la consecución del acto, y no queremos dejar margen para el error.

    Llegado el momento crucial, puede que su instinto de supervivencia intente sobreponerse y usted quiera reconsiderar su intención. No lo haga y convénzase, más que nunca, que la vida es tan solo un preámbulo, una tensa espera, una pérdida de tiempo.

    Y apriete el gatillo.




    P.S.: Aplicar la misma lógica imparcial para el suicidio con soga y arma blanca.

3/6/24

347. El viejo sepulturero

    Nadie sabe con exactitud la edad del viejo sepulturero. Incluso él ha perdido la cuenta de sus años cumplidos. También se dice que ha enterrado a gente muy, muy vieja. A pesar de ello, el viejo sepulturero no es más aliado de la muerte que las heladas invernales, los desastres naturales, la desigualdad de la geoeconomía y la sequía y hambruna globales.

    El fuego incinerador y la madera de los ataúdes —cara o barata—, tampoco son más cómplices de la muerte que la desesperanza, las estrategias esclavizantes del mercado, o el futuro anhelado que nunca llega. Ni siquiera el diablo es más coautor del fin de la vida que los misiles inteligentes, las decisiones del imperio, y la violencia de esas odiosas criaturas bípedas que pueblan el planeta.

    Incluso la fecha de caducidad que señala nuestro último viaje, tiene menos culpa que ese dios que no te salva, que nunca llega y desoye los ruegos. Tanto es así, que el viejo sepulturero ha presenciado el paso de los siglos y de mil y un cadáveres. Podría jurar, no en vano y desde los cuatro eones de la historia de la Tierra, que en el destino inevitable de morirse, la muerte como tal siempre es la única inocente.



30/5/24

346. Tú sigue

    Tú sigue que es gratis e indoloro. Sigue hasta que te canses si es que tal día llega. Tú sigue incluso si algún día es con mala intención, que tanto da. Tú sigue creyendo que sabes de mis defectos y virtudes, y de mis prejuicios y pensamientos. Tú sigue explicándome, con la mejor de las intenciones, cómo tengo que vivir y sentir. Tú sigue creyendo que me conoces por el simple hecho de haber leído todas y cada una de las entradas de mi blog. Aunque ya te digo y te aseguro que no estás ni a cinco minutos de saber cómo soy. 

    Pero tú sigue haciendo el pingüino, que nos divertimos y entretenemos. 



27/5/24

345. El audio del Rulo

    Rulo es un tipo un tanto odioso e irritante. Yo, que lo conozco de  toda la vida, sé que también es una buena persona cuando el momento lo exige, y de las pocas que me hacen reír. El otro día me envió un audio de Whatsapp. Decía así:

    Eh, qué pasa, Cabroni, aquí el Rulo, el tío que es más cabrón que tú sin entrenarse, jajajaja. Bueno, a ver si algún día compartes en tu muro de Facebook mis enseñanzas financieras de cómo ganar pasta sin currar ni robar. Sí, has oído bien, cabronazo.

    También me gustaría que compartieras las experiencias que he vivido con todas esas mujeres que van de sobradas por la vida. Ya sabes, esas flipadas que se creen diosas cuando salen de la peluquería, y resulta que se visten con ropa del Wish y se rocían perfumes de tres euros, jajajaja. Se les olvida que son unas simples cajeras de supermercado, que chillan como verduleras y caminan como un pato mareado cuando llevan tacones, jajajaja.

    Oye, el otro día te vi con el Mali en la terraza del bar del Óscar, y me acordé de cuando le vendió el Seat León a aquel moro que traficaba costo. ¿Te acuerdas? El verano aquel que estábamos en Castelldefels. Toda la pasta que sacó se la gastó en drogas y zorras, y ni siquiera se dignó a invitarnos a un mojito, el muy hijo de puta. Por cierto, seguro que no habrás votado a Vox en las elecciones, eh, cabrón, jajajaja.

    Bueno, Cabroni, a ver si quedamos y nos vamos a comer algo a un chino, por ejemplo. Que me han dicho que te estás quedando "pillao" con tanto concierto. Ah, pero que no venga el Mali, eh, que me tiene hasta los cojones con sus putas historias de cuando era picoleto. 

    Pues nada, nene, ya me dirás algo. Venga, que te folle un pez rata y viva la derecha española, jajajaja.



23/5/24

344. Geococcyx californianus vs Canis latrans

    Aunque parezca mentira, por fin se hizo justicia en este mundo injusto. Después de tantas trampas fallidas, de multitud de explosiones y un sinfín de caídas a gran altura, con perseverancia, llegó la merecida victoria.



20/5/24

343. La chispa

    Hurgando en el fondo del cajón de los cacharros olvidados, además de mi colección inacabada de esporas, moho y hongos, encontré unos audífonos inalámbricos que no sabía que tenía. De modo que me los coloqué, salí de mi colmena móvil en ristre, y empecé a caminar por la calle gris bajo la bruma celeste de contaminación. 

    La canción de Callejón comenzó a sonar y se adueñó de mí desde el primer segundo, y me deje llevar como Gene Kelly en 1952, aunque sin lluvia pero multiplicado por seis. De modo que siempre hacia adelante, bien de frente, de lado o girando sobre mí mismo, durante cuatro minutos y once segundos hice mío el mobiliario urbano, mientras me prodigaba en una serie de aspavientos variados y desconcertantes, propios de un poseso.

    La canción así lo requería, pues ya se sabe que la música, según se mire, saca lo mejor y peor de cada uno. Así que si tenía que gritar, gritaba. Si tenía que patalear o revolcarme por la acera, lo mismo; y si para compartir la energía que la canción me producía tenía que zarandear a cualquiera que se me cruzara al paso, también. Y todo eso, claro está, con la mueca grotesca correspondiente. 

    Incluso en el minuto 2,54 fue de rigor que rapeara con la gesticulación adecuada.

    La canción finalizó como pasa con todo un día u otro, y con ella el histriónico espectáculo que brindé a los viandantes cercanos, los cuales no eran más que un conjunto de caras oscilantes entre el pasmo, el horror y el divertimiento. A pesar de ser hora punta, ninguno de ellos se contagió de mi entusiasmo, ni cedió a su locura interior por inofensiva que fuera; apenas parecían estar vivos más allá de sus auras moribundas. 

    Y no pude más que pensar que el enemigo había conseguido arrebatarles la chispa y adormecerlos por completo. 



16/5/24

342. Tentaciones

    Seguro que a Oscar Wilde no le pasó, pero yo ando reñido con mis tentaciones desde que tengo uso de razón. Solo con sucumbir a una de ellas —muchas y diferentes— bastaría para arruinar mi vida entera y la de otras personas. Más que nada porque incurriría en algún delito grave y es algo que no me puedo permitir.

    Tampoco es cuestión de enumerarlas, puesto que no quiero alarmar a nadie. Aunque hoy en día ya nadie se alarma por nada, a no ser que el móvil se quede sin batería o falle en casa la conexión a internet. Con todo, ayer tuve que hacer un gran esfuerzo para no ceder al impulso. Supongo que me falta atrevimiento, o que, de momento, no estoy lo bastante loco.

    De momento.



13/5/24

341. Ahora que ya no estás

    La magnitud de tu ausencia ha sido una bendición.

    Y ahora que ya no estás se respira mejor y el sol brilla con una intensidad que no hiere. Los días que antes eran plomizos se han vuelto una mágica sucesión de momentos bellos y coloridos. Y las pesadillas y la vigilia son ahora viajes oníricos a remansos de sosiego. 

    Ahora que ya no estás, he recobrado la energía necesaria para finalizar todos mis proyectos a medio hacer. Incluso reconozco el sonido de mi risa y mis erecciones vuelven a ser rudas y viriles. La música ya no suena a estridencia, y el silencio de tu ausencia es bálsamo para la paz de espíritu.

    Ahora que ya no estás también caducarán los medicamentos del botiquín del lavabo y envejeceré con alegría. Porque he vuelto a recobrar el apetito por la vida, y las migrañas, los retortijones y reflujos estomacales han desaparecido.

    Ahora que ya no estás todo fluye y nada se marchita alrededor, y yo me he dado cuenta de lo mucho que dabas por culo, hostia y joder.



10/5/24

340. Jornada de re-flexión

    Pasado mañana, domingo, hay elecciones en Cataluña, de modo que voy a re-flexionar. Voy a re-flexionar tanto que ni Amadeo Lladós podrá seguirme. Voy a realizar unos fucking burpees para un voto útil y responsable.



8/5/24

339. Las tardes con AR

    Más o menos éramos unas ciento cincuenta personas, sanas y de inquietudes similares, las que quedamos mediante internet para la celebración de la fiesta. El evento se dio por todo lo alto en una vivienda que lleva cinco años deshabitada. 

    No es la primera vez que nos juntamos, desde luego. De hecho, llevamos haciéndolo durante año y medio dos veces al mes por lo menos, a no ser que queramos cortarnos las venas o rebanarle el cuello a alguien. 

    ¿Que qué es lo que hacemos exactamente? Pues lo que se hace siempre en todas las fiestas, ¿no? Despelotarnos, meternos un dedo por el culo e invocar a Satán y a toda su legión de putas, claro.

    ¡¿Pues qué vamos a hacer, cojones?! Llegamos con nuestra música y nuestras bebidas, liberamos toda la presión acumulada por las putadas cotidianas y laborales, recogemos los desperdicios y nos vamos. 

    Aunque esta vez admito que se nos ha ido de las manos. Si no nos habríais descubierto. Y tampoco voy a poner como excusa el ímpetu de la juventud, que una cosa es que seamos jóvenes y otra unos descerebrados. 

    Pero es que arrastramos mucho desengaño y frustración. Supongo que darnos cuenta a hostias de que el mundo que nos vendieron desde preescolar no existe, nos ha encabronado hasta el punto de que hemos perdido la perspectiva.

    Así que pedimos perdón por haber destrozado la vivienda de fondo buitre donde se hizo la quedada. De todas formas, a vosotros os va muy bien toda esta carnaza para vuestro programa amarillista. Y de paso podéis aprovechar para demostrar que no sois tan gilipollas como con lo de la supuesta orgía en el Viña Rock.




6/5/24

338. Cuerpo a cuerpo

    Si bien yo soy cabrónido y no ciervo, llevo un tiempo prolongado en estado de berrea y cualquier cosa que ocurra a mi alrededor lo asocio al acto copulativo. Como con las tormentas de la semana pasada, por ejemplo, presenciadas tras el cristal de la ventana birra en mano.

   Es increíble el poder absoluto de la Naturaleza cuando dos frentes nubosos chocan y se desata la maravilla. Como si el cielo y la tierra se acariciaran, y el calor acumulado del sol ardiente deseara con locura el contacto tímido al principio, salvaje después, de esas nubes densas y crecientes como algunos besos; como algunas pieles sensibles y acaloradas que todavía no han olvidado cómo entregarse y recibirse.

    Lo mismo me ocurre cuando dos vehículos colisionan uno contra el otro a gran velocidad. Como un apareamiento brutal de anatomías suicidas que no pueden evitarse, y se follan con la intensidad de las erupciones volcánicas más allá de todo raciocinio hasta la carencia total de ser. 

    Con todo, aún no he visto algo a lo que asociar a una gran orgía, ahora que las tormentas han cesado y quizá todos queríamos un poco más.



2/5/24

337. Concierto para ellos

    Un día desafinado en el que muchas cosas no podían ir a peor, decidimos enfrentar a nuestros enemigos. Llegaron a creerse intocables, pero habíamos enloquecido y nos dimos cuenta de ello cuando cambiamos nuestros instrumentos musicales por ametralladoras. 

    Nos habíamos cansado de protestar tocando. 

    Las canciones devinieron en himnos de guerra, y al compás de las balas la melodía se tornó muerte. Disparamos contra ellos cientos y cientos de proyectiles en octava y en clave de do. Parecía que íbamos a ser los perdedores de aquella sinfonía belicosa, pues eran numerosos y estaban muy bien organizados. Pero a nuestro concierto de destrucción también se unieron dueños de bares, gimnasios, peluquerías, discotecas, salas de juegos, comercios varios... y conseguimos vencer.

   Ahora, la totalidad de la música está libre de derechos y se puede reproducir en cualquier lugar sin coste alguno. Habíamos acabado con el dedo índice dolorido, sí, pero también con la SGAE.



29/4/24

336. Solo puede quedar uno

    El hijoputa o la hijaputa es esa clase de persona que, algún día, casi todos conocemos. No tenemos dudas de ello porque una vez que se cruza en nuestra vida, sea desde la infancia, la adolescencia o la edad adulta, ya nunca se va del todo. Por eso, sin saber muy bien cómo, acabamos conociéndola muy bien. 

    Yo hace unos treinta y cinco años que conozco a esa clase de persona en particular. Creo que si hemos durado tanto sin llegar a las manos es porque yo soy tan hijoputa como ella, sin que por ello mis defectos sean los suyos. Tampoco tengo claro que yo sea su hijoputa particular, aunque quién sabe si no lo soy para otra persona.

    A lo largo de los años, he perdido la cuenta de las veces que nos hemos peleado verbalmente. Nos conocemos tan bien que cuando sucede es de veras repugnante. No por el enfrentamiento en sí, sino por lo que nos llegamos a decir. 

    Tengo claro que, como todas las relaciones duraderas, sanas e insanas, esta acabará en cuanto muera una de las dos partes, obvio. Lo que no tengo tan claro es si la muerte será por causas naturales o en plan Los Inmortales (1986).




25/4/24

335. Ella era ella

    Estuviera donde estuviera, ella era ella desde que se levantaba hasta que se acostaba. Indiferente a las miradas, a los comentarios y a las cámaras de los móviles. Es decir, ella era ella con su indisimulado bigote, su tupida uniceja y sus brazos, piernas y axilas sin depilar.

   Ella era ella y sin pretenderlo tenía el poder de influir en fenómenos naturales y en los animales. 

    Si salía a la calle en un día soleado, el Sol se ocultaba en segundos. Si lo hacía de noche, la Luna también desaparecía de igual modo. Si contemplaba con fijeza un cielo azul y despejado, se desataba la tormenta. Si era hielo lo que miraba, lo licuaba al instante, y si se iba a la playa las olas la rehuían. 

   Los animales venenosos se abstenían de picarla. También la abeja, el mosquito y la avispa. El resto de animales que le salían al paso se tapaban la cara, y gimientes se escondían o se alejaban. Y allí por donde pasaba el suelo se agrietaba y la vegetación se mustiaba.

   Con todo, ella siempre era ella pasara lo que pasase, sólida y real, en un mundo estereotipado que todavía no estaba preparado para su apariencia.



22/4/24

334. Recordando a Isidro

   El otro día recordé a un amigo del pasado llamado Isidro. Me dijeron que estaba internado en un psiquiátrico. Tratándose de él es algo de veras creíble.

    Isidro siempre me pareció un tipo desubicado, imposible de encajar en cualquier contexto imaginable. Siempre andaba solo y apresurado, sin apartarse un ápice de quien viniera en dirección contraria, y con la mirada sucia y alerta como si fuera a saltar sobre alguien o algo en cualquier momento.

    Ahora que pienso en él también recuerdo todo lo demás. Su disposición a pelearse con el número de personas que fuera por cualquier razón, justificada o no. Su carencia de miedo con todo; quizá su aparente falta de conciencia. Sus patadas a la puerta de cualquier antro que le denegara la entrada. La vez que tuve que llamar a la ambulancia cuando atravesó una cristalera con el puño derecho...

    Supongo que su historia es la de otros tantos, contada miles de veces en otros lugares. Ahora creo que me estuve engañando a mí mismo, al no considerarlo uno de esos renglones torcidos de Dios de los que habló Torcuato en su novela, cuando muy a menudo me daba sobradas pruebas de ello.     

    En fin, éramos jóvenes y siempre nos movíamos por planteamientos nada razonables. Pero aunque cueste de entender (y ni falta que hace), por enfermo que estuviera Isidro de la cabeza, tenía el corazón mucho más puro que otras personas muy bien integradas a las que creemos sanas.




18/4/24

333. Uróboros

    Somos seres perfectos porque no estamos diseñados para la inmortalidad. Como las plantas, las aves, los insectos, los cuadrúpedos y los reptiles, un día u otro nuestro tiempo finaliza y dejamos sitio a otras vidas aún por concebir. 

    Nuestro diseño es perfecto porque con nuestra muerte contribuimos a la vida. Tras nuestra completa descomposición pasamos a ser restos secos que son devorados por las especies necrófagas, las grandes limpiadoras del entorno.

    Sin ellas proliferan las bacterias, las infecciones y las alteraciones ambientales. Una vez metabolizados por estos insectos, pasamos a ser nutrientes para la vegetación. Se cierra así el ciclo de la vida y el ecosistema que dispuso la Naturaleza sigue en equilibrio. 

    Pero para que hagan su aparición, y se inicie tan prodigioso proceso desde que morimos hasta que somos polvo, se deben dar las condiciones óptimas y ambientales precisas. Es decir, siempre y cuando no nos entierren, incineren o momifiquen por alguna estúpida creencia o tradición.

    Y eso que llaman alma o espíritu... Bueno, eso lo dejamos para aquellos que necesitan animar su cotarro existencial.



12/4/24

332. Eclipse

    Minutos antes de que la Luna empezara a ocultar el Sol, todo el ancho del cielo se convirtió en un aleteo anárquico de pájaros que piaban enloquecidos. En la soledad de las selvas, bosques y llanuras, rugían los felinos y aullaban los lobos. Y la vida que habitaba en los glaciares y en la profundidad del océano también emitía su queja.

    Era algo de veras intranquilizador, pero no le dimos importancia. Estábamos demasiado ocupados en registrar el fenómeno astronómico. Demasiado expectantes con nuestros móviles en suspensión y los mentones alzados —con o sin la debida protección ocular— mientras que en casa nuestras mascotas temblaban y gemían.

   Cuando la ocultación del Sol fue parcial, tuvimos que despoblar las calles, puesto que empezaron a sobrecargarse de electricidad estática hasta ser impracticables. El aire se detuvo y una sensación de apremio se adueñó de las ciudades. Todo eso también nos pareció extraño, pero supusimos que duraría pocos segundos. 

    Justo cuando el día pasó a ser noche total, desde la penumbra de nuestros balcones, terrazas y ventanas grabamos, fotografiamos, vitoreamos y aplaudimos ante la visión privilegiada de aquella maravilla celestial. Entonces los segundos se hicieron minutos, los minutos devinieron en horas, y de forma gradual pasamos de la exaltación al silencio absoluto.

    Solo entonces, cuando la Humanidad enmudeció, el mundo entero se ahogó en el bramido colectivo del reino animal, intenso y desquiciado. No era queja sino lamento, o quién sabe si advertencia. El caso es que mucho más tarde que ellos, cuando el Sol empezó a ser recuerdo, comprendimos que por fin nuestro tiempo había acabado.



10/4/24

331. Bodacaspa

    Bodacaspa el 5 de septiembre de 2002. Y bodacaspa el 6 de abril de 2024. En ambas bodacaspas toda la cutre-afición vino a follar. Pero no seamos amargados y que sean felices. Y que engendren a muchos potenciales corruptos y parásitos.

    Que el Innombrable nos ayude.




8/4/24

330. Mientras duermes

    Mientras duermes hay ocasiones en las que tus ojos se mueven de un lado a otro. Cuando eso sucede me aprietas la mano y el oleaje bajo tus párpados se recrudece. Me pregunto entonces qué estarás viendo; qué clase de tempestad se estará librando en tu cabeza. Quizá es que te niegas a rendirte y solo estás luchando, buscando una salida que te saque del pozo. 

    Mientras duermes también veo pasar sombras blancas que monitorizan tu estado. Ya no te miran como te miro yo. Ya no te ven, siquiera. Llevas demasiado tiempo aletargado entre estas cuatro paredes, sumergido en algún lugar inalcanzable de aguas profundas. Pero yo sigo a tu lado, continuando donde tú lo dejaste, esperando el momento impreciso de tu regreso.

    Mientras duermes quizá esa canción que tanto te gusta te ayude a volver. Aquella que no parabas de escuchar en bucle cuando vivías en el mundo de la consciencia. Porque decías que te traía ecos de tu infancia, de tu gente y el calor del sol de tu tierra. Añoranza, querido amigo, añoranza.

    La misma que siento yo, esperando tu regreso a la vida aunque para ello tenga que agotar todo el tiempo que nos queda, mientras duermes y tu canción no para de sonar.



4/4/24

329. Otro altercado

    Otro altercado en tu barrio a media tarde, cuando el día aún tiene horas por delante para ofrecer desagradables sorpresas. Otro altercado en tu barrio cuando cae la noche y te vas a dormir, porque a la sinrazón ni le importan tus sueños ni descansa. Otro altercado en tu barrio pocas horas después del alba, cuando despiertas con más cansancio que ayer, sin ilusión de que algo vaya a cambiar.

    Otro altercado que agranda tu miedo y el de tus hijos, todavía demasiado pequeños pero muy conscientes, a los que acompañas de la mano, con paso apresurado y la mirada en todas partes, al autobús que los llevará al colegio. Porque el barrio es inseguro y peligroso, con demasiados puntos ciegos donde se ajustan cuentas y la muerte sonríe. 

    Otro altercado en tu barrio, día tras día y semana tras semana, pese a las innumerables llamadas telefónicas a comisaría. Pese a que el alcalde, por segunda vez electo, prometió aumentar la presencia policial. Quizá sí lo hizo, pero no en tu barrio, obediente y abnegado contribuyente. 

    No en tu barrio.

    

1/4/24

328. Otro año

     Tendría seis años cuando un día, después de ver los dibujos animados de Mazinger Z, me palpé el orbicular hasta tocar hueso. ¡Era mi calavera! ¡Mi propia calavera! Desde entonces me di cuenta de la realidad de la que nadie escapa y supe que, tarde o temprano, iba a morir y me convertiría en un esqueleto. Más que miedo, ¡sentí pánico! La posibilidad de "no ser" no me entraba en la cabeza, en mi calavera.

     Pero el tiempo ha pasado y ayer cumplí otro año. ¡Y qué vida tan feliz a pesar de todo! Como además de afortunado soy un tipo educado, no enumeraré, por insultante, lo maravilloso de mi existencia. Y como ahora mi calavera y futuro esqueleto ya no me dan miedo, puedo seguir sumando aniversarios.



29/3/24

327. Cabrónidas reza

    Lloran y lloran y vuelven a llorar. Lloran más que beben los peces del villancico. Y no porque se les haya muerto un ser querido, no. Ni porque sientan algún tipo de dolor físico, no. Ni porque les haya sobrevenido alguna enfermedad incurable en mitad de la juventud, no.

    Lloran por un dolor emocional. Lloran porque a causa de la lluvia no pueden salir a la calle a lucir sus estatuas, cuando resulta que la lluvia es un regalo y más en estos tiempos. Lloran por algo saludable para el planeta y que es tan necesario como el respirar.

    Señor, es la segunda vez que me comunico contigo mediante esta bitácora —pues mejor este medio que las zarzas ardiendo — y nunca contestas a mis preguntas. Supongo que porque he incumplido varios de tus mandamientos y no soy la mejor de tus criaturas. De acuerdo, lo entiendo. Pero joder, ¿por qué te burlas así de tus creyentes? ¿Es que no has visto sus lagrimones y sus caras de desdicha? ¿No crees que ya tienen bastante con ser lo que son?

    Te has pasado tres pueblos, Señor. Sólo por eso hoy voy a descuidar mi equilibrada nutrición y me atiborraré de carne como si no hubiera sábado.

    Amén. 


27/3/24

326. Cucaracha Blanca

    Cucaracha Blanca siempre es un anciano y no una anciana. Pero eso al feminismo global le da igual; al de antes y al de ahora. O más que darle igual, se lo ha pensado dos veces antes de molestar a la empresa multinacional más antigua y poderosa que existe. Cuestión de prioridades —supongo— y la firme convicción de que hay cosas imposibles de ser cambiadas.

    Cucaracha Blanca es el humano que más empatiza con el dolor ajeno. O al menos lo parece. Da igual quién seas, de dónde provengas y lo que te haya ocurrido: él empatiza y reza por ti si hace falta. Si sois muchas las personas jodidas incluso es posible que os hable por televisión. No os solucionará nada, pero le importáis mucho.

    Cucaracha Blanca es el fenómeno mediático más masivo que existe. Cuando habla, sea en un idioma u otro, nunca dice nada que no se sepa, pero aun así muchos escuchan. Y si hay algo que de verdad debiéramos saber y él sabe, jamás nos lo va a contar. Cuando Cucaracha Blanca se aproxima a sus fieles y simpatizantes, siempre sonriente corresponde a todos los saludos y tocamientos. 

    Cucaracha Blanca por los siglos de los siglos, queramos o no, guste más o guste menos. 

    Alí Agca lo sabe y el resto de mortales también.



25/3/24

325. En el polígono industrial

    Trabajábamos en el polígono industrial más mugriento del extrarradio. No recuerdo muy bien cómo fuimos a parar allí. Habíamos finalizado nuestros estudios universitarios, nadie nos contrataba y la fuga de cerebros todavía no era una realidad. Lo que sí recuerdo es que aquel lugar nos contagiaba su decadencia y no nos apetecía mucho sonreír o emprender nuevos proyectos.

    Una vez dentro del polígono, dirección a nuestra nave mal ventilada, casi siempre nos cruzábamos con borrachos y perros callejeros dispuestos a saltarnos al cuello a la mínima oportunidad. Quizá es que estaban más jodidos que nosotros. También había camioneros solitarios que a golpe de claxon se abrían paso a través de toda aquella mierda. 

    Éramos ocho y teníamos tres jefes (dos hombres y una mujer). Estaba claro que querían tenernos bien controlados y sometidos. Tres jefes que nos miraban por encima de la montura de sus gafas como si nos estuvieran perdonando la vida. También recuerdo que de camino a aquel trabajo era más soportable la resaca que arrastraba la mayoría de los días, que el hecho de tener que obedecer a aquel trío de pobres hartos de pan.

   En base, éramos archiveros. La venta de nuestro tiempo consistía en un concienzudo filtrado de noticias que atendía al interés ideológico y geopolítico de los amos del cortijo, y que luego era utilizado de múltiples formas para crear corrientes de opinión y la división ciudadana.

    Nuestras semanas tenían ocho días, y es que nuestra esclavitud estaba organizada en turnos a prueba de fiestas nacionales y sublevaciones proletarias. De ese modo la empresa conseguía una productividad asombrosa, mientras nosotros perdíamos la noción del tiempo viviendo a espaldas de lo que quedara de nuestras vidas. 

    Empezábamos a estar de veras desquiciados, y yo me sentía atrapado en un punto de no retorno. Ya llevábamos cerca de un año y medio con aquello, cuando un día caluroso en especial, el compañero que tenía al lado me susurró: «Eh, Cabrónidas, he vuelto a oír las voces, joder, ¡Tal y como me dijiste! Y ahora me dicen ¡mata, mata, mata!». 

    «Es normal», le contesté con una voz que no reconocí como mía. Y supe entonces que había llegado el momento de escapar de allí cuanto antes.




21/3/24

324. Trapos y colores

     El nacionalista español, que sólo puede ser español porque nació en Meadero de la Reina (Cádiz), decidió irse a Euskadi a ondear la bandera oficial de España. Y el nacionalista catalán nacido en La Pera (Girona), que no quiere ser considerado español, decidió irse al Ferrol (Galicia) a ondear la bandera oficial de Cataluña.

    No les tendría que haber pasado nada, pero pagaron caro su osadía e inconsciencia. O igual es que desconocían el mundo en el que viven. En cualquier caso, se tendría que poder ir por toda la geografía española ondeando la bandera legal que a uno le saliera de los cojones, sin tener que llevarse un par de hostias por ello. 

    Los dos son gilipollas, sí. Pero no es delito serlo. 



14/3/24

323. Vertebrados e invertebrados

    Llegasteis un día cualquiera con sonrisas y promesas. Ni os llamamos ni os esperábamos, pero de todas formas disteis con nosotros. Con vuestro discurso conseguisteis que creyéramos que erais tigres de Bengala, cisnes, delfines, peces mandarines, mariposas, pavos reales, caballos frisones e incluso unicornios. 

    Pero como que la cabra siempre tira al monte, no me acabasteis de convencer y os seguí hasta vuestra guarida para espiaros por el ojo de la cerradura. Y vi que en realidad erais sabandijas, babosas, garrapatas, escarabajos, escolopendras, sanguijuelas y cucarachas. Y no sonreíais sino que os carcajeabais, quién sabe si de nosotros. 

    Así que desandé mis pasos dispuesto a alertar a los crédulos y engañados de mi entorno. Cuando les expliqué lo que había visto, no solo no me creyeron, sino que me tacharon de mentiroso. La verdad es que hicisteis un buen trabajo con ellos, y eso hizo que me diera cuenta de que estaba rodeado de asnos, burros y acémilas.

    De modo que regresé al monte para preservar mi salud mental.



    P.S.: Por razones obvias, pido perdón sincero y profundo a todo el reino animal en toda su variedad y extensión.

11/3/24

322. Hasta que el cuerpo aguante

    Dada mi amistad con el abuelo Ursucino, he conseguido un pase para entrar en una discoteca en la que hombres y mujeres de la tercera edad bailan semidesnudos dentro de una jaula. Me alarma un poco el hecho de que no lleven pañales, pero las momias vivientes que regentan la discoteca me dicen que el suelo tiene una gran capacidad de drenaje. 

    Los hipnotizantes movimientos de los boys y gogós son lentos y erráticos, y unidos a los de la clientela originan un simposio atemporal de decrepitud sin complejos. Pero se mueven, al fin y al cabo. De hecho, en las tarjetas de invitación de la disco reza el lema: "Discoteca El Desguace. La edad es solo una cifra". 

    Para ratificarlo, basta con asomarse a la gran pista de baile, la cual es una aglomeración exánime de sillas de ruedas y andadores —manuales y eléctricos— que circulan al ralentí, y de anatomías ajadas que deambulan como almas a la deriva merced a las muletas y al porta suero. 

    Pero cuando el pinchadiscos conocido como Tata Matusalén, pues ya era viejo cuando armaban los cimientos de la discoteca, obra su magia mediante los ritmos de Nino Bravo y Demis Roussos, todo el conjunto resucita y se desata el caos. Sillas y andadores chocan y giran entre sí enloquecidos, y los de a pie exclaman balbuceos incomprensibles mientras agitan en alto sus muletas y porta sueros cual lanzas en un rito iniciático. 

    Cuando cesa el subidón hay que mirar muy bien por dónde se pisa, pues el suelo queda sembrado de cuerpos dolientes, sillas y andadores volcados, dentaduras postizas desprendidas, pastilleros abiertos con su contenido multicolor desparramado, prótesis desatornilladas y catéteres desclavados.

    Como es natural, varios de ellos regresan a la residencia peor de como salieron, o no regresan. Cualquiera diría que se lo pasan de muerte. Y eso que la eficacia de los desfibriladores de la disco está más que probada.

    En cualquier caso, entre los supervivientes, por aquello de aprovechar el poco tiempo que les queda, se crean amistades y vínculos sexuales, por lo que no faltan los dispensadores de condones, Viagra y lubricantes para la sequedad vaginal. 

   Qué callado se lo tenía el abuelo Ursucino, el muy ladino. 



7/3/24

321. Y te vas

    Amigos y amigas, para alegría de muchos, indiferencia de unos y tristeza de pocos, la desquiciada musa del exceso me ha dicho que se va. ¿Sera verdad? ¿Será mentira? Con toda probabilidad lo segundo. Miami tiembla ante el hecho, el periódico en el que trabaja se tambalea y la blogosfera se queda coja. 

    En cualquier caso, despidámosla como merece, pues nuevas y excitantes aventuras la aguardan a bordo de su Lexus.




4/3/24

320. Teletienda

    Asómese a nuestro nuevo canal de teletienda. Si busca algo, cualquier cosa, nosotros lo tenemos. Precios asequibles para cualquier bolsillo. Incluso para el agujereado ¿Qué necesita?  En nuestro nuevo canal de teletienda no solo lo encontrará, sino que probamos en nuestra propia carne la eficacia del producto que le interesa. Estamos siempre a su disposición todos los días del año a las horas más intempestivas. Así que ya lo sabe: asómese a nuestro nuevo canal de teletienda, sobreviva al visionado y de paso recupere la fe en la Humanidad.



29/2/24

319. Señales

    Señales, joder, señales. Basta con verlas y saber interpretarlas; casi nada. A veces la ceguera no es vivir a oscuras o entre sombras, sino mirar sin ver por mucho que alcance la vista. Posamos la mirada en direcciones incorrectas dispuestos a transitar por caminos que no conducen a ninguna parte. Quién sabe si en pos de un anhelo, capricho o impulso irrefrenables que se adueñan de nuestra razón y que creemos necesitar.

    Quién sabe nada de nadie a fin de cuentas. Nos movemos por emociones y con ellas movemos el mundo, aun a riesgo de quedarnos sin ellas por puro desgaste y sin percatarnos. ¿Acaso hay otro modo? 

    Una de esas señales ha bastado para colocarme en la perspectiva que tanta falta me hacía. Ha llegado a mí en el momento de mayor incertidumbre e inmovilismo. Justo cuando más necesitaba salir de una asfixiante encrucijada de sentimientos ambivalentes en la que llevaba demasiado tiempo. Me sorprende que haya sido tan fácil. Sin provocarlo, por si solo. 

    Puta vida de ensayo y error.



26/2/24

318. Sobredimensionar

    Cantaban Reincidentes «Mil muertos en Asia en incidente racial. ¡Dos picolos menos: masacre!».

    Pues eso: raseros y varas de medir.


19/2/24

317. Noche agitada

    Estos tiempos son duros y convulsos. Mala hierba nunca muere y las buenas personas engrosan la cifra de los hospedados en el cementerio. Aquellas que enriquecen la vida y hacen que el mundo sea mejor. Pero otro tipo ha tomado el relevo y ha ocupado el vacío dejado por una de ellas, por lo que podemos estar contentos y agradecidos.

   Dicho de otro modo, las pastillas de Matrix dejaron de molar hace tiempo, pero ahora tenemos las que ofrece un misterioso encapuchado que transita por los peores lugares de la ciudad. Michael Myers murió y Cara de Cuero ha envejecido, pero tenemos a nuestro amigable vecino Chuck. Un buen ciudadano invisible a ojos de los demás, siempre en busca de nuevas sensaciones y dispuesto a probar sustancias desconocidas. 

    No podía ser de otra manera y Chuck no defrauda.

    Así que ¡a por ellos, Chuck, a por ellos! ¡Diviértete y mátalos a todos!



8/2/24

316. Pareidolia

    El ogro jodió bien al almirante. Bueno, al almirante y a otros dos: al chófer y al escolta. En fin, daños colaterales, que dicen. Fue un gran día aquel en el que el almirante iba en coche y de improviso se hizo la destrucción, y el coche despegó en vertical dirección al espacio abierto. 

    Aquello fue el final de su carrera y muchos se quedaron blancos de la impresión. Para redondear la envergadura de aquel hecho, los que dieron de comer al ogro no llegaron a ser juzgados y encima se beneficiaron de la amnistía de 1977. 

    Ay, esa palabra que eriza la piel y provoca sarpullidos.

    Hoy me ha dado por mirar la línea del horizonte, lejana e hipnotizante, y me he recreado en la contemplación del perezoso desplazamiento horizontal de un frente nuboso, blanco y bello, rojizo en sus contornos. Me abstraje del mundo, de sus tumores y estúpidos habitantes, y al cabo de pocos minutos llegaron las pareidolias como hacen siempre, sin pedir permiso y en silencio.

    Y entonces la vi, sí. 

    Una mágica creación de la Madre Naturaleza. Una nube magnífica que era exacta a un Dodge 3.700 GT. Contuve la respiración ante aquella maravilla algodonosa, y no pude más que constatar que las nubes no huelen a nada pero hay en ellas un misterio connatural.

    Vuela alto, Luisito, vuela.



5/2/24

315. El gran salto

    Esta historia que hoy te cuento me fue narrada con toda profusión de detalles por tres de sus cuatro protagonistas, mientras que uno de ellos permanecía en un estoico silencio. Como por aquel entonces los cuatro amigos —que nada tienen que ver con los que figuran en las entradas 202 y 203— eran muy jóvenes y atrevidos, iban por la vida bastante escasos de cerebro pero muy sobrados de energía.

    Una noche en la que trasegaban en una de sus recurrentes y desmesuradas sesiones etílicas, quedaron en ir a practicar puentismo el fin de semana que les fuera propicio. Por aquellos tiempos convulsos la gente se tiraba desde un puente por voluntad propia sin que supusiera un suicidio. Parecíamos todos menos idiotas que ahora, ya que no existían las redes sociales y las autofotos arriesgadas todavía estaban por llegar.  

    Así pues, repletos de resolución y pertrechados con suficientes cervezas como para aplacar la sed de todo un regimiento, mis cuatro jóvenes amigos, cuyos nombres reales omitiré como es costumbre en esta bitácora, se dirigieron al conocido puente catalán en el que, por vez primera, experimentarían las extremas sensaciones de tan adrenalínico deporte.

   Inolfo fue el primero en colocarse el casco y embutirse en el arnés de seguridad. El día era soleado y la temperatura agradable. Entre todos los presentes dispuestos a dar el gran salto se respiraba una tácita camaradería. Inolfo atendió a las instrucciones de los monitores y tan pronto le dieron el ok se lanzó sin más. Pitasio y Eustaquio no fueron menos y cumplieron de igual modo. No así como Uldarico, que se bloqueó en cuanto se careó con el abismo.

    Los monitores dijeron que era algo frecuente. A la hora de la verdad cada persona necesita su tiempo de asimilación para algo así, por lo que Uldarico cedió su turno a otros saltadores. Cuando volvió a ofrecerse de nuevo al sobrecogedor espacio abierto, en el puente ya había un grueso considerable de espectadores que coreaban la consabida cuenta atrás hasta llegar a cero. Pero entonces se hacía el silencio, Uldarico sonreía como el Joker y acababa negando con la cabeza.

    Los instructores, bregados en ese tipo de situaciones, volvieron a dejar a Uldarico a solas con sus demonios, mientras que Inolfo resolvió tirarse de nuevo, esta vez con los brazos en cruz, directo al vacío como un anticristo suicida. Pitasio hizo lo propio como si fuera una lanza, con los brazos estirados hasta unir las palmas. Y Eustaquio lo hizo con los brazos pegados a los costados, estremeciendo todo su cuerpo como un salmón a contracorriente. 

    Entre los saltos de unos y de otros la mañana fue cediendo paso al mediodía, entretanto que Uldarico llegó a negar hasta cinco y seis veces, incapaz de desbloquear su cerebro pese a los ánimos de aficionados y profesionales. Y aun así, sin pretenderlo, se había convertido en la máxima estrella del evento, con lo cual se le concedió otra nueva y última oportunidad.

    De modo que ahí estaba Uldarico por séptima vez, con casco y arnés en ristre, asumiendo su traumática situación ante la inmensidad terrenal. Lidiando contra sus dispares emociones en una pequeña plataforma de espaldas a un puente, en el que cerca de seiscientas bocas enajenadas y salivantes, en lugar de bramar la cuenta atrás, exclamaban incansables y al unísono: «¡Que se tire!, ¡que se tire!, ¡que se tire!». 

    Y en efecto, la abrumadora presión social obró el milagro, y Uldarico se lanzó al vacío con la cara blanquecina y desprovista de toda emoción. Aunque si hay que hacer honor a la verdad, más que lanzarse, se dejó caer de pies sin gracia alguna, como un triste muñeco de trapo que alguien deja de sostener por la cabeza desde un balcón a gran altura. Pese a lo grotesco del salto, la numerosa concurrencia prorrumpió en una sentida oleada de aplausos y vítores. Y de igual modo lo recibieron tan pronto su semblante desencajado apareció por la baranda del puente. 

    En los días que siguieron, me enteré de que los medios informativos de la localidad a la que pertenece el puente, dieron cobertura a aquel acontecimiento de envergadura inusitada, todavía hoy recordado por mis cuatro amigos, Inolfo, Pitasio, Eustaquio y Uldarico. 

    Aunque este último nunca quiera hablar de ello.



1/2/24

314. El ultraje del poderoso

    Sotanas y trajeados aún se empeñan en que asumamos las normas que rigen su tinglado con una sonrisa boba de consentimiento. Como si todo estuviera bien. Como si no hubiera motivos para el horror por más que yo y muchos desconozcamos el auténtico dolor, la guerra, el maltrato y la hambruna.

    De igual modo nos dicen ahora cómo tenemos que hablar. Cómo tenemos que dirigirnos a según quiénes y cómo tenemos que llamar a las personas discapacitadas. Como si emplear sus nuevas denominaciones de corrección política fuera sinónimo de verdadero respeto y tolerancia, cuando somos lo que hacemos y no lo que decimos, y eso no casa con la doble moral imperante.

    Por si fuera poco también se atreven a alterar la letra de canciones, obras de teatro y multitud de obras literarias del pasado, sin respeto alguno por el esfuerzo y creatividad que gastaron sus autores en ellas. Como si así dejara de existir todo el machismo, la homofobia y xenofobia de la época que reflejan y en la que fueron concebidas. Como si eso nos hiciera mejores ante el futuro, cuando tales aversiones siguen más vigentes que nunca en las raíces familiares, sociales e institucionales. 

    Y como se preocupan tanto por nosotros, no paran de insistir sobre la importancia de la salud mental y física, pese a que el Estado alarga nuestra esclavitud laboral y vende su droga en todas partes. Si nos conceden tal libertad de albedrío sobre nuestra salud, supongo que algún día legalizarán el resto de sustancias que mueve el narcotráfico ¿A quiénes interesa que no caiga ese imperio de poder? 

    También pretenden que nos traguemos como dogma de fe que la única belleza verdadera es la interior. Como si el atractivo físico que otorga el azar genético, aunque termina por desaparecer, fuera sinónimo de superficialidad. Como si no fuéramos seres de carne movidos por  el deseo ante la mera visión del envoltorio y el sexo porque sí. Porque eso es sucio, claro. Y más si eres mujer.

    Tampoco se cansan de intentar que comulguemos con creencias y tradiciones estúpidas, vínculos artificiales y congregaciones de subnormales. Sin rubor alguno todavía señalan, o se compadecen, de quienes optan por una vida en soltería y sin hijos. Como si eso fuera homología de la infelicidad. Como si la máxima realización en la vida fuera procrear y vivir en pareja o matrimonio. Siempre que no sea con los del mismo sexo, cómo no, que eso es antinatural y de personas enfermas.

    Y podría continuar hasta que muriéramos todos de asco, no sin antes asegurar que por lo que a mí respecta jamás conseguirán envenenarme con su socialización.



29/1/24

313. Ocurrió en el hueco de las escaleras.

    La mujer estaba frente a la vieja entrada del portal. Se sentía pequeña ante el alto bloque de viviendas, incapaz de hacer otra cosa que estar ahí de pie. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que entró por esa puerta. Entonces ella era un fruto menor envuelto en un aura de pura vida; una sonriente criatura llena de luz cegadora y sueños; una niña como todas las niñas. Pero entonces ocurrió aquello y el sol ya nunca volvió a salir. Los sueños se volvieron pesadillas y la negrura se instaló en su corazón para siempre.

    Sabe que no va a poder entrar. Le quitaron demasiado. Le arrancaron por la fuerza todo lo intangible que la conformaba. Todo lo que sentía y todo lo que era. Todo lo que pudo llegar a ser. La vaciaron por completo y sólo dejaron ruinas y una vida que ya no era tal. Después de tantos años aún puede sentir la indefensión absoluta que consumió su espíritu. La inevitable rendición frente a la superioridad física de los que tejieron su calvario con tela de araña; la aplastante certeza del tacto viscoso de la carne ajena sobre ella, en ella.

    ¿Cómo fue posible? ¿Cómo en un lugar tan reducido pudo caber tal cantidad de dolor? Ahí, tras la puerta del portal, en el hueco de las escaleras.



25/1/24

312. Rápido y bruto

    Cuando el grindcore llegó hasta nuestros hogares para mostrarnos la luz y perturbar la paz familiar, no faltaron los que aseguraban que aquella locura tenía los días contados. Era un sonido demasiado veloz y caótico. Un completo sinsentido que nadie tragaría en su sano juicio auditivo. Pero se equivocaban. 

    Desde su nacimiento a primeros de los ochenta, y su consolidación en 1986 hasta el día de hoy, el grindcore y la música extrema en general, se han mantenido a lo largo de los años sin haber recibido nunca el apoyo musical de los medios tradicionales. Todo eso, que no es poco, gracias a una pizca de suerte, a la fidelidad inquebrantable de sus seguidores y al trabajo duro y constante por parte de las bandas que lo practican. 

    No sólo ha sido así, para sorpresa de unos y estoicismo de otros, sino que además, aunque para el oído profano y no entrenado pudiera parecer una música encorsetada y de nula evolución, el grindcore y derivados mutan y se reinventan así mismos hasta límites insospechados y nunca soñados. Es decir, con todos vosotros y sin más dilación, para que el fin de semana os sea adrenalínico y emocionante: Chiquigrind.

   Vuestra vida ya nunca será la misma. 




    P.S.: Con todo mi respeto (1932-2017).


22/1/24

311. Regresando de la muerte

     He regresado de la muerte en una helada noche de plenilunio dos años después de mi funeral. 

    Tú todavía no me habrás olvidado, pero seguro que ya soy el menor de tus recuerdos. No sé muy bien cómo ha sucedido. Sabes que nunca creí en la existencia de las fuerzas sobrenaturales a las que rindes culto. Ni en todos esos ritos prohibidos de medianoche que susurras a la luz temblorosa de las velas. Esa parte de ti sigue disgustándome y por eso las cosas empezaron a ir mal entre nosotros. Todo se volvió demasiado oscuro e inexplicable. Demasiado siniestro para mi agrado. Incluso tú. 

    Pero ahora sí debo creer, después de todo. 

    Ahora que esas mismas artes que utilizaste para deshacerte de mí me dan la oportunidad que tú no me diste, y resurjo de la negra tierra que me aprisiona para abrirme paso, vacilante y quejumbroso, entre las frías lápidas de los que nunca debieran regresar. Ahora que me alejo de los muros medio derruidos del antiguo cementerio, bajo la pálida luna cuya luz baña de plata la espantosa podredumbre de mi carne, dispuesto a encontrarme contigo de nuevo para resolver nuestras diferencias de una vez para siempre.

    Ahora, en esta noche igual a la de hace dos años cuando aún te amaba, y del cielo desprovisto de estrellas llovían pétalos de crisantemo.



18/1/24

310. Virtudes

    A lo largo de mi vida me han dicho varias veces que tengo la virtud de la paciencia.     

    El caso es que he tenido que asistir a fiestas y reuniones sociales en las que aguantar la verborrea a desconocidos indeseables y sonreírles tal y como se debe sonreír a quien te importa un cojón. Y lo he conseguido sin vomitarles encima y sin aullar en exceso.

    Por pura cuestión piramidal he tenido que chocarle la mano al jefe, al falso, a la zorra mentirosa y al oportunista. Y también lo he logrado sin escupirles a la cara y sin estremecerme de asco al sentir el contacto de sus pieles de serpiente. 

    Me he quedado con las ganas de dar caza a los conductores que he tenido que esquivar para evitar una desgracia, y meterles el puño en la boca para hacerles tragar su desprecio por la vida ajena, su endiosamiento barriobajero y sus putos pequeños complejos magnificados en el volante.

   Y jamás he cedido al hirviente impulso homicida de quitar de en medio a los que sé que han infligido dolor físico y psicológico a quienes sé que no matarían ni a una mosca. Y lo he logrado sin que nadie que me viera en ese momento de locura tuviera motivos para alarmarse.

    Puede que no tenga ninguna virtud, puesto que la paciencia es la única que siempre me han mencionado. Y no es paciencia, sino autocontrol.



15/1/24

309. Recuerdos

    Cuando algo inanimado deja de servirme o ya ha dado de sí, lo tiro sin más pese a la historia feliz que lleve consigo. Abundo en la desafección galopante porque nunca he sido dado a acumular recuerdos materiales, y al mismo tiempo practico el minimalismo y la despersonalización doméstica.

     De igual modo, hace ya bastante tiempo que dejé de grabar y fotografiar los trozos de mundo, conocidos y desconocidos en los que he estado. Como también cualquier tipo de manifestación natural, animal o humana que ocurra a mi alcance. Hoy en día, mi móvil no es más que una polivalente herramienta de comunicación-gestión.

    Los únicos recuerdos que poseo están en el lugar más inaccesible de mi mente. Sólo presentes para mí, con sus significados profundos e intangibles. Algunos de ellos ya han desaparecido y otros no se van aunque quiera. No puedo hacer con ellos como con las cosas materiales. No logro sacarlos de mi interior y darles la espalda.

    Y si algo tengo prodigioso es la memoria y la capacidad de recordar, incluso cuando no quiero. Es una maldición.




11/1/24

308. Propaganda

    Nos informan e informan. Nos enseñan y enseñan. Nos cuentan y cuentan. Y nos dicen y dicen, y nos vuelven a decir, desde pequeños, cómo tenemos que ser, qué tenemos que pensar, qué tenemos que desear. Qué es lo que ocurre y lo que no ocurre. Sin parar, hasta que nos salga por las orejas. Hasta que nos parezca normal e incluso nos guste. Hasta que no nos importe dónde acaban ellos y dónde empezamos nosotros. Hasta que ya no podamos distinguir quiénes somos de verdad y quiénes quieren que seamos. 

    Y ya está: ya nos tienen donde quieren. Ya somos adeptos o compradores. O las dos cosas. Ya nos han convencido. Ya han conseguido que creamos que tenemos opinión. Nos han dado un bando al cual pertenecer. Ya no somos nosotros ni lo que pudimos ser. Demasiado contaminados, demasiado arrastrados por la inercia. Demasiado imbuidos por algo que nos han hecho creer que necesitamos, y que en verdad nunca pedimos.

    


8/1/24

307. Después de fiestas

    La alarma sonó con dos horas de retraso, lo que propició que Remigio saltara de la cama como propulsado por un resorte. Algún menor de edad del sureste asiático había ensamblado mal los componentes del radiodespertador, con lo cual sonaba cuando le parecía o no sonaba.

    Lo segundo que sintió Remigio fue una pesadez corporal generalizada. Durante varios días de las últimas tres semanas había estado comiendo y bebiendo de modo insultante, ya que su familia era muy dada a la gula tradicional decembrina. Dolor estomacal, pesadez digestiva y quijada exhausta, ¡hay que joderse!

      También tenía el cuerpo helado, y es que su viejo piso estaba sembrado de humedades. Se calzó sus zapatillas piojosas y descubrió que a una se le había despegado la suela. Cómo no: eran de manufactura oriental. Fue hacia la ventana como pudo e intentó subir la persiana, pero la correa emitió un chasquido y las lamas se desplomaron en una pequeña nube de polvo y ruido. Mira qué bien, ¡puta mierda!

    Encendió el flexo del escritorio y conectó el ordenador. La bombilla emitió un brillo hipertenso y al segundo después se fundió con un zumbido. Por si fuera poco, un olor a transformador quemado llenó la habitación y el ordenador nunca llegó a arrancar. Y el rúter, como si de un desafío se tratara, le dedicó a Remigio una secuencia aleatoria de sus luces de error. La obsolescencia programada, ¡tócate los huevos!

    Resignado, decidió ir al baño para cagar y ducharse con tranquilidad. La cadena no cedió con la resistencia habitual cuando tiró de ella, y lo mejor de sí mismo quedó flotando en el agua sucia como una provocación. El calentador estaba en las últimas y sabía que el agua saldría tibia, pero no por todos los sitios posibles menos por la alcachofa. Otra sorpresa, ¡hostia y joder!

    Salió de la ducha sacudido por temblores y se secó con una toalla que ya había cedido tres o cuatro grados en su capacidad de absorción. Tampoco se afeitó: la cuchilla estaba oxidada y la vacuna del tétanos apenas era un recuerdo. También desistió del desayuno, pues la tostadora quemaba el pan de molde y la cafetera había estallado dos días antes. 

    Remigio miró a su alrededor convencido de que nada de lo previsto para hoy saldría bien, y cedió a su retahíla de blasfemias cotidianas. Había algo familiar en todo aquello. Era el recordatorio de su propia vida cayéndose a pedazos, en la que nada funcionaba y todo parecía irreal, salvo la sensación de retraso constante y de no llegar a ninguna parte.

    Al menos estaba a ocho de enero y lo peor ya había pasado, ¡claro que sí! 


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