Ascienden las temperaturas y desciende la actividad en los blogs. Es casi una ley natural. Le dais la espalda al teclado y el espacio en blanco deja de importar. Para muchos de vosotros supone tal liberación que ya nunca regresáis. El verano llega y se va con vuestra constancia y creatividad —si es que alguna vez la tuvisteis—, y os quita un peso de encima.
Eso está bien. No tenéis por qué ser constantes. No hay nada que demostrar. Un día sentís que lo habéis dicho todo y que nadie os ha escuchado. Poco o nada queda de las expectativas del principio. La realidad las desinfló hasta la desaparición y ya no os compensa el gasto de tiempo y esfuerzo.
Lo mejor es que, cuando esas sensaciones llegan, aceptáis tanto como entendéis que escribir por amor al arte nunca fue para vosotros. Que hay toda una vida ahí fuera donde conectar con los demás es mucho más sencillo que hacerlo escribiendo.
Idealizasteis demasiado un acto solitario del que nunca se ha de esperar nada.

