9/9/26

583. Se llama Abundio

    Abundio es de esa clase de enfermos que se creen sanos. Es decir: es un taurófilo. Su afición empezó a forjarse de niño, cuando su padre se lo llevaba a las corridas de toros. Tantas presenció durante su infancia que, ya de adolescente, se convirtió en un acérrimo defensor de las mismas. Su padre había hecho un gran trabajo con él y ahora Abundio es un adulto con la lección muy bien aprendida.

    Por ejemplo, Abundio dice que su afición es un sentimiento que le viene de pequeño y que por eso no lo entendemos. Defiende que la tauromaquia da trabajo a muchas personas y que, por supuesto, no existen personas más respetuosas con los animales que los ganaderos. Esos mismos que, durante dos o tres siglos, seleccionaron al toro de toda la vida para obtener ejemplares cada vez más bravos e impetuosos, hasta llegar al actual toro de lidia, con el único fin lúdico de la tortura y la muerte en la arena.

    Qué digno. Qué manera más noble de ganarse la vida.

    Tampoco le vengas a Abundio con unas breves palabras apócrifas sobre la tauromaquia y el torero, falsamente atribuidas a Borges:

    «La tauromaquia es una de las formas vigentes de la barbarie. En cuanto a la figura del torero, creo que es esencialmente un cobarde. Un hombre que, con todo un aparato racional de estrategias, entrenamientos, armas, estocadas practicadas, clases y mucho estudio premeditado, se mide frente a un animal pasmado por la sorpresa, por la ansiedad; un animal que no tiene otro recurso que los reflejos de su instinto primario.

    Bajo esa disparidad podemos medir el valor de los toreros. La valentía verdadera no soporta desniveles tan abusivos.

    Por eso, para mí, los toreros no son valientes, sino más bien bufones; los bufones de la valentía.»

    No te las rebatirá. Tan solo se regodeará en que, como no está demostrada la atribución al genial escritor, no sientan cátedra. Porque para Abundio es más importante el mensajero que el mensaje. Y esas palabras las ha pronunciado un tipo al que solo conocen en su casa y, a Abundio, con eso le basta.

    Aunque sí te dirá que ellos no van a la plaza a pasarlo bien porque sí. Ellos no van allí a disfrutar de la muerte del animal, sino del proceso. Ellos van a disfrutar del cómo y no del qué. Tanto es así que te enumerará todo un alucinante repertorio de jerga taurófila, aplicada en el ruedo según la maestría del torero.

    En fin, no se lo tengas en cuenta: se cree sano estando enfermo y se llama Abundio.



4/9/26

582. Las fuerzas superiores

    Era miércoles y la sobremesa que siguió al tapeo finalizó sobre las dos y media de la madrugada. Como es normal, nos reímos mucho del mundo y hablamos de todo en general sin solucionar nada en concreto. Algo parecido a lo que ocurre en las Cortes Generales, pero sin protocolo, bochorno ni faltas de respeto.

    A esas horas apenas había tráfico. Puse la radio para amenizar el cuarto de hora de conducción que me separaba de mi modesta propiedad urbana, y una locutora, con buena dicción y tono impersonal, me volvió a recordar lo jodido que estaba todo. Luego pensé en los seísmos de magnitud 7 o superior que, en lo que iba de año, habían sacudido México, Venezuela, Colombia, Indonesia, Japón, Filipinas, Vanuatu, Malasia y Tonga. Después, en el reciente desprendimiento de hielo y roca que irrumpió en la frontera entre Nepal y el Tíbet y, por último, en esa canción de Tote King que dice: «Y si la naturaleza se está vengando como tos decís, no entiendo cómo es tan torpe y se equivoca siempre de país».

    La naturaleza, como los Tres Reyes Vagos, parecía tener conciencia de clase, pero solo imponía su propio sistema de regulación sobre el censo mundial. En esas elucubraciones de brocha gorda sobre estadística y muerte, circulaba a unos ochenta kilómetros por hora cuando las luces largas iluminaron a un enorme jabalí que me bloqueaba el paso.

    Con todo, pude frenar a tiempo y esquivar de un volantazo a aquella indiferente criatura. Por suerte, ningún vehículo circulaba por el carril contrario en ese momento. Estaba claro que las fuerzas superiores que nos gobiernan habían decidido que el jabalí tenía que seguir con vida y que yo llegara a mi nicho-vivienda, como mucho, con el corazón acelerado.

    Y que mi coche siguiera sumando números en el cuentakilómetros.

    


1/9/26

581. Las niñas buenas salen a jugar

    Las temperaturas habían descendido y la sociedad seguía cayéndose a pedazos. Cada día teníamos nuevas muestras de ello. Además de la gilipollez global ciudadana, el asesinato y la violencia continuaban siendo compañeros fieles de nuestro día a día.

    Era duro ser madre y descubrir que tu hija de doce años era una maltratadora. Que formaba parte de un quinteto de acosadoras que grababan con el móvil sus andanzas de violencia pubescente. Era jodido constatar que la educación impartida había fracasado. Era una vergüenza ver que tu niñita de doce años podía ser más hija de perra que cualquier galgo, porque a lo mejor le viene de casta.

    Pero algo teníais que hacer, mamaítas; algo teníais que decir, pues el vídeo original se había viralizado. Ahora vuestras niñitas ya eran conocidas mucho más allá de Moguer y habíamos visto lo bien que se lo pasaban en la calle cuando salían a jugar. Fuenteovejuna había caído sobre vosotras y sobre las acosadoras que habíais parido. Los papeles se habían invertido perversamente: las acosadoras eran las acosadas. ¡Oh, justicia poética, manifiéstate más veces!

    Así que, mientras algunas de las mamis señaladas optasteis por el silencio, porque siempre es más fácil la cobardía que su antónimo, una de vosotras pidió perdón y suplicó que cesara el acoso ciudadano a su hijita acosadora. Y otra, además de reescribir lo sucedido a conveniencia para justificar la actuación de su monstruita de doce años, grabó unos audios en los que amenazaba con emprender acciones legales contra las personas que habían difundido las imágenes de la verdad.

    Con todo, agradezco a todas las personas que habéis cometido la imprudencia —o la ilegalidad— de viralizar el vídeo. No es la mejor manera de enfrentarse a un hecho tan lamentable y mezquino, pero a lo mejor habéis evitado que la verdadera víctima de aquella agresión acabara suicidándose.




28/8/26

580. Los vecinos de Espinete

    No dejan de hacerme gracia las personas que se llenan la boca diciendo que la gente hostil y conflictiva es más numerosa que la gente que es todo lo contrario.

    Sí, estoy de acuerdo en que toda clase de hijoputez es más visible que cualquier otra conducta porque hace más ruido. Pero no portarse como tal no significa hacer el bien. La bondad, tal y como yo la entiendo, exige una acción, y hace tiempo que no veo ninguna. Lo que sí veo es a unos cuantos jodiendo al prójimo a todos los niveles, de día y de noche, y a un grueso descomunal de personas mirando hacia otro lado y yendo a lo suyo.

    No sé en qué momento confundisteis bondad con indiferencia. O será que yo vivo en un sitio poco recomendable y vosotros sois vecinos de Espinete.




25/8/26

579. Siempre les pasa a otros

    El tipo tenía cincuenta años. A esa edad, quizá creía que ya lo sabía todo. Puede que fuera de los que piensan que ciertas advertencias son exageradas y que algunas prohibiciones coartan la libertad individual. Es posible que gozara de buena salud y esperara llegar a los ochenta años porque ciertas desgracias siempre les ocurren a otros.

    El cincuentón tenía calor y se fue a la playa. Y, ya que estaba allí, decidió darse un baño. Lo normal: en la playa o vas a bañarte o a propiciarte un cáncer de piel. Probablemente no era la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que se bañaba en aquellas aguas con la bandera roja ondeando. ¿Desconocía lo que eso significaba? ¿Era daltónico o tan solo gilipollas?

    Nunca lo sabremos, porque del agua salió con los pies por delante. Aunque la respuesta, creo, está bastante clara.




21/8/26

578. Un número más

    Solano no es viento ni está caliente. Lo cual no significa que pueda estarlo en alguna otra ocasión. Solano tan solo es un nombre desafortunado, impreso en su DNI y escrito a mano en su partida de nacimiento.

    Un número más en la base de datos. Otro desconocido entre desconocidos.

    Solano abre la puerta de su piso pequeño y viejo. Al otro lado solo hay silencio, oscuridad y vacío. A veces piensa que le gustaría oír una voz que no fuera la suya. Ni siquiera tendría que ser una voz que le dijera «vuelve pronto». Se conformaría con una voz de reproche o contradicción.

    Una vez llamó a Momentos, pero fue un error porque no supo qué decir. Ni se le pasó por la cabeza llamar a Hablar por hablar.

    Otra opción sería hacer como hizo Edu en las Navidades del 97. Pero no es Navidad. Solano permanecería en silencio, concentrando todos sus sentidos en la voz del otro lado de la línea hasta que le colgara. Después volvería a llamar, una y otra vez, hasta encontrar, quién sabe, una voz.

    Al final, acaba acostándose con el fracaso y el cansancio.



18/8/26

577. La radio

    La radio es un gran invento. La pongo siempre que almuerzo, como y ceno. Normalmente escucho Catalunya Ràdio y RAC1, aunque otras veces sintonizo la Cadena SER y RNE.

    Pensaréis que exagero, pero escuchar según qué emisoras mientras se come entraña un serio peligro: la comida te puede sentar mal o puedes atragantarte con ella por un acceso de risa.

    Esto último me sucedió ayer cuando, en un arrebato de pluralidad informativa, sintonicé la COPE. En ese momento, mientras yo me nutría, un locutor narraba, con rigurosa profesionalidad, la actualidad de lo que acontecía en Ceuta.

    Su relato, delirante y apocalíptico —deudor de exitosas producciones cinematográficas como Guerra Mundial Z y Mad Max—, era capaz de sobrecoger al corazón más apático.

    El avezado cronista radiofónico y sus colaboradores, afines a la causa, estuvieron a punto de convencerme de que el Gobierno actual debería ser condenado por crímenes de lesa humanidad.

    Menos mal que me dio la risa.




14/8/26

576. Fecundación total

    Fueron muchas las personas que no se desplazaron para presenciar el eclipse. Por ejemplo, hubo varias parejas heterosexuales que, en pecado o en matrimonio, eligieron el día del evento astronómico para copular sin protección. Ya fuera por creencias o por estúpidas tradiciones ancestrales, la idea de concebir una vida en un día tan especial les resultaba especialmente atractiva y simbólica.

    Algunas de esas parejas llevaron la concepción un poco más lejos. Los machos, siguiendo cálculos previos y atendiendo a las exigencias de las hembras, eyacularon dentro de ellas justo cuando la tarde se hizo noche. Mientras miles de personas aplaudían, con la mirada protegida y dirigida hacia el horizonte solar, millones de espermatozoides iniciaban su carrera hacia el óvulo. Durante la fase de totalidad, cientos de hembras fueron fecundadas y la suerte quedó echada.

    Algunas de esas gestaciones contribuirán a la perpetuidad de la especie, sí. Y otras terminarán en abortos o en bebés estrella.




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