No le preguntes a un creyente dónde estaba su dios cuando a Noelia, como a tantos millones de personas desde que el mundo es mundo, le ocurrían cosas desagradables. No le preguntes a un creyente por qué su dios quiso que la mente de Noelia funcionara de una manera y no de otra. No le preguntes a un creyente por qué su dios permitió que la muerte, y no el sufrimiento, se alejara de Noelia cuando intentó suicidarse.
Si Dios quiere, si Dios quiere…
No le preguntes nada de eso por mucho que te asegure que su dios está en todas partes en todo momento y que todo lo sabe y todo lo puede. Al final acabará respondiéndote que los caminos de su dios son inescrutables y que nos otorga la capacidad del libre albedrío. Aunque parece que, dependiendo del contexto, el libre albedrío no es tal, sino un error del sistema y de nuestra sociedad fallida. Y yo pensándome que vivía en una sociedad perfecta.
Gracias por tanta sabiduría, malnacidos.
