Se acerca Semana Santa y los costaleros ensayan entregados a la causa. Estoicos bajo el peso del trono, se castigan el cuello, los hombros y la séptima vértebra cervical. Algunos de ellos se dan de baja laboral por mucho menos. Pero aquello es un sentimiento espiritual más significativo que el sustento económico, y mucho más profundo que la devoción que profesan los hinchas deportivos y musicales por seres y entidades reales, y por ende tangibles.
Durante los días santos de procesión —hostia y amén—, la técnica a emplear y las fajas lumbares prolongarán la llegada de la fatiga muscular extrema. Pero serán la creencia y la fe los mejores sedantes para soportar el martirio del sobrepeso. ¿Será verdad que el único modo de entender ciertas cosas es sintiéndolas, y no todos tienen —tenemos— esa capacidad?
Lo de veras cierto es que, después de la conmemoración de pasión, muerte y resurrección, los fisioterapeutas son más felices.
