27/1/26

520. En una lluviosa noche invernal

    Demetario y Macaria vivían juntos en uno de los pisos claustrofóbicos del casco viejo de la ciudad. Clara muestra de que a los especuladores y a los fondos buitre les iba bien. Ya había anochecido y no paraba de llover, de modo que por el barrio empezaron a propagarse olores pestilentes y a emerger algún que otro reflujo de aguas residuales por los desagües domésticos.

    «Mierda», pensó Demetario, «ningún ayuntamiento reparará el alcantarillado de esta zona tercermundista». Las alcaldías pasadas nunca hicieron nada al respecto, y la actual no parecía diferente. Nada cambiaba en realidad.

    Demetario, hastiado, se dejó caer en su incómodo sofá de segunda mano y encendió la tele. Iba cambiando de canal sin detenerse en ninguno, cuando de pronto sintió en sus entrañas una presión conocida y característica. De ser otro lugar, hubiera sido un inconveniente, pero estaba en su cuchitril alquilado a precio de oro, así que no se contuvo. 

    Las sucias paredes, necesitadas de una urgente mano de pintura, retumbaron merced a una sonoridad llena de dicha, y la atmósfera de la estancia, ya de por sí enrarecida, se impregnó de una presencia maloliente y ecuánime con la realidad de muchas de las vidas de aquella zona olvidada.

    Macaria estaba duchándose y no pudo oír nada. Pero su olfato funcionaba a la perfección, pese a que había contraído hasta nueve veces el virus del covid. El sonido del agua cesó abruptamente y Macaria, envuelta en una toalla con su pelo húmedo, su cara cansada y todo un par de centímetros más abajo que hacía dos años, se colocó enfrente de Demetario. 

    Como él y como todos, la vida era un continuo decaer.  Aun así, en aquel momento la quiso más que nunca.

    —¡Joder, tío! ¡Pero qué pestazo! ¡Parece como si te hubieras cagado encima de la mesa! 
    —Bueno, je, je, no he podido evitarlo. Ya sabes, demasiada comida basura en la obra. Nos dan tan poco tiempo para almorzar que tengo que engullir casi sin masticar...    
    —¡No me vengas con tonterías, puto cerdo! ¡Es como si hubiera un muerto pudriéndose debajo del sofá!
    —Tampoco sería tan extraño. Hace una eternidad que no limpiamos esta pocilga. Aunque con la que está cayendo, no creo que huela tan mal como la calle. 
    —¡No cambies de tema, cabronazo! —Y continuó más calmada—. No me respetas. No me escuchas. No te importo nada. 
    —Venga, Macaria, sabes que eso no es verdad. Joder, solo ha sido un cuesco. Ya casi no huele. 
    —Que te jodan, tío. No voy a aguantar esto ni un segundo más. Me voy. Me largo de esta mierda de piso. Tú y yo no tenemos ningún futuro. ¡Ninguno!

    Así que se fue a la parte más alejada de la estancia (el piso era de cuarenta metros cuadrados habitables) y se puso a hacer las maletas a toda prisa. Demetario siguió cambiando de canal como si no estuviera ocurriendo nada, y en menos tiempo del que habría deseado, Macaria se esfumó. «Puta hostia, cariño», «cómo te has puesto», pensó Demetario. Se levantó, abrió la nevera y cogió una litrona de cerveza. Ya no tenía ganas de tirarse otro pedo; ya no había gas que expulsar.

    La lluvia, en cambio, parecía no tener fin.



23/1/26

519. Mórbida y Obeso

    Los cadáveres treintañeros de Mórbida y Obeso fueron encontrados una noche de invierno sin luna. Ambos yacían desnudos sobre una cama de matrimonio reforzada. Eso explicaba que no se viniera abajo, aunque dadas las marcas en el suelo parecía desplazada de su sitio habitual.

    A simple vista, resultaba complicado discernir en qué punto del sobrecogedor apareamiento empezaba el cuerpo de Mórbida y terminaba el de Obeso. La grasa que los conformaba se entrelazaba y superponía en una masa informe.

    El cuadro despertaba asociaciones perturbadoras con el género rosado y envasado en plástico que se expone en las carnicerías.

    Los cuerpos todavía estaban tibios y el sudor que los impregnaba aún no se había secado, lo cual indicaba que habían muerto hacía poco. Quién sabe si de infarto, provocado por una frenética y desacostumbrada actividad física supuestamente amatoria.

    La vida podía irse en momentos intensos, o en la calma sedante de un hospital. A ellos la muerte vino a buscarlos pronto, pero quizá se portó bien y no sufrieron. Al menos, no tanto como cuando en vida soportaban en silencio una sociedad cuyos actos hacia ellos pesaban más que la cifra que ofrecía la báscula.

 


 

20/1/26

518. Nombres propios

    Si has ido leyendo esta bitácora con asiduidad y desde el principio, sabrás que para mis personajes reales y ficticios, sean masculinos o femeninos, escojo nombres propios de registro civil antiguo. No son nombres atractivos, pero sí bellos por su pronunciación intrincada y a veces musical.

    Desde hace un tiempo, padres y madres optan para sus bebés por nombres agéneros como Iu, Ua, Bo, Jo, Su, Li, Al, Cy, Lu, Mo, Oz, Ed, Ot, Ad, En, Yo, Io, Ia, Es, An, etc., con el fin de diferenciarlos del resto y dotarlos de exclusividad y originalidad, aunque tales elecciones sean más feas que un puñado de pelos mojados obstruyendo el desagüe de una pica mugrienta.

    Dentro de algunos años, cuando esos nombres sean comunes, madres y padres volverán a superarse con nuevas denominaciones diferenciadoras de exquisita sonoridad, tales como Pq, Mñ, Fg, Lt, Jk, Zb… Y dado lo vil de nuestra raza, sus retoños vivirán una infancia traumática de burla y señalamiento que acabará en la edad adulta cuando puedan cambiarse el nombre.

    Para entonces, el daño causado será irreparable.

    Con todo, la mujer siempre se ha llevado la peor parte a ese respecto, por nombres luminosos, oscuros y deprimentes como Caridad, Auxiliadora, Piedad, Milagros, Esperanza, Presentación, Fe, Remedios, Soledad, Concepción, Dolores, Gracia, Consuelo, Angustias, Martirio, Auxilio, Inmaculada, Amparo, Socorro, Asunción, Encarnación… Demos las gracias por algunos de estos desafortunados nombres a la misoginia católica y a las advocaciones marianas.

    ¡Qué manera impía de desgraciar la identidad única de la vida femenina recién alumbrada!

 


 

16/1/26

517. Polinización

    Una de las leyes fundamentales de la Naturaleza para con los seres vivos, como plantas e insectos, es que la avispa y la abeja polinizan la flor. Por eso es lógico que en una numerosa fiesta de disfraces, la chica que va disfrazada de avispa o de abeja conecte con el chico que lo hace de flor, hasta el punto de que el encuentro deviene en una simbiótica relación humana en ciernes. La gente trata de conocerse en las fiestas, sean o no de disfraces, aunque se beba mucho, se hable de nada y se coma poco si hay comida.



 

13/1/26

516. Contenedores

    Hace casi un año que en mi ciudad han cambiado los contenedores de basura tradicionales por otros que se abren mediante una tarjeta. Estos nuevos recipientes urbanos, al tener más capacidad que los antiguos, también ocupan más sitio.

    En lo que se refiere al contenedor amarillo, pese a que lo vacían con frecuencia, siguen apiñándose bolsas de basura a su alrededor porque suele estar tan rebosante de ellas que ni siquiera se puede cerrar. Y claro está, la basura que una vez sale de casa, ya no vuelve a entrar.

    Sin duda, generamos una enorme cantidad de mierda y deshechos.  

    Al margen de si uno cree o no en el reciclaje, la gestión de residuos sólidos urbanos es la que es. Muchos ciudadanos exigen una infraestructura adecuada al respecto. Que haya el número de contenedores necesarios y, sobre todo, que estén ubicados en la fachada de la casa del vecino y no en la propia. 

    ¿Cómo hostias hará el ayuntamiento para contentar a todos esos ciudadanos tan comprensivos y cómodos? Yo los arrojaría al contenedor de color marrón, que es el que les corresponde, ya no solo por ser materia orgánica, sino también por ser del todo desechables.

    El problema es que se necesitaría un número desorbitante de contenedores marrones, o uno solo de proporciones descomunales, y la tasa a pagar por semejante servicio sería inasumible.

 


 

9/1/26

515. Prosa excretora

    Muchas de las personas que tienen un blog enumeran en él el número de países a los que han viajado, los libros que han leído, las películas que han visionado y los trabajos musicales —y pódcast— que han escuchado de un año para otro. Por poco que me interesen esa clase de escritos, vaya por delante que me parece bien. 

    Tan bien que yo iba a hacer lo mismo, pero con una variante. Es decir, os iba a enumerar las veces que, desde mi nacimiento, he soltado lastre sobre los dioses a los que rezáis, las vírgenes con las que os deshacéis en las procesiones, las iglesias a las que acudís y las religiones en las que creéis. También en las monarquías, en el dinero, en los ideales, en las banderas, en los ejércitos, en el patriotismo, en los pro-vida, en las tradiciones, en la política, en los nacionalismos y en los padres y madres de algunas personas.

    Pero de inmediato he pensado que, además de quedar retratado y propiciar que descienda el número de lectores y lectoras de esta bitácora pecaminosa, esta entrada no tiene por qué ser un despreciable desecho de mal gusto, pésima educación, irreverencia e irrespeto. Además, ¿a quién le importa que, de momento, yo nunca haya tenido problemas de estreñimiento? ¿Es que no había otra forma de decirlo? ¿O decirlo sin más? 

    Creo que estoy algo sensible debido al reciente acontecimiento geopolítico llevado a cabo a principios de año por el imperialismo estadounidense. En el fondo, siempre ha operado en este mundo nuestro de intereses creados la ley del más poderoso, o del que así se lo cree. Pero que ahora encima lo haga sin disimular... ¡No me digáis que no es para cagarse!



6/1/26

514. Guerrillas

    Kariem es un jovencito de doce años recién cumplidos que vive en Sudán. Hoy, día 6 de enero del 2026, ha ejecutado a tres corresponsales de guerra con un AK-47. Un arma que colgada de su cuello con el portafusil ajustado a su mínima longitud, le llega casi hasta las rodillas. 

    Por lo visto, esos periodistas eran muy entrometidos. El hombre de la cámara no dejaba de grabar y la otra mujer no paraba de fotografiarlo todo. El tercero... Bueno, el tercero no grababa ni fotografiaba, pero iba con ellos y había visto demasiado. 

    Como premio por el trabajo bien hecho, supone Kariem que sus superiores le dejarán ver la tele. Espera estar de suerte y que no se interrumpa el suministro eléctrico ni se pierda la señal de antena, que suele ser lo habitual. 

    Los primeros días de adiestramiento fueron duros, pero se hicieron bastante llevaderos en cuanto se hizo adicto a los cigarrillos, al alcohol y a las anfetaminas que los instructores le ofrecían. Después de todo, no eran tan malos como creía.

    Ahora ya no sabe pensar y apenas recuerda quién era antes de su reclutamiento. Pero lo que nunca olvidará es que es mejor morir en combate que de hambre. Las balas te matan rápido y la hambruna no.

    Hoy, día de magia en occidente, dos revoltosos niños de la edad de Kariem juegan y saltan alrededor de sus padres mientras pasean. Y cuando me cruzo con ellos en la acera, los niños ríen y me encañonan con sus pistolas de juguete. 

 


 

1/1/26

513. Punto y seguido

    Para mí, desde hace mucho, un año que sucede a otro año no es más que un punto y seguido. No tengo nada que reiniciar, sino cosas por continuar y hábitos en los que seguir. De modo que no recuerdo la última vez que hice balance de algo. Joder, ni siquiera he escrito la entrada obvia y nimia que haga balance sobre este blog. Supongo que algún día llegará, según sienta.

    El calendario, ese sistema numérico y convencional que mide y organiza nuestro tiempo, me indica que he empezado un nuevo año. De acuerdo. Pero yo, de forma inconsciente, reduzco ese dato a su mínimo significado y solo lo aprecio como que mi existencia, lejos de cualquier transición, sencillamente continúa sin estridencias, sin planes y alteraciones.

    A menudo, por estas fechas, leo escritos tan floridos como profundos sobre valiosos aprendizajes y lecciones edificantes de vida. No lo dudo cuando es a nivel personal. Pero en lo que se refiere al colectivo, por mucho que me fije, indistintamente de la perspectiva, solo veo desaprendizaje. No me sorprende, puesto que nunca hemos sido buenos alumnos en nada.

    Cada cual tendrá su visión particular sobre todo aquello que observa. No hay problema. Todos sabemos que hay quienes miran y no ven, y quienes solo ven lo que quieren. Yo quiero verlo todo, pero más allá de la superficie. Quiero saber qué verdad hay escondida debajo de la alfombra y la manta. Esa que siempre nos será desconocida y aguarda junto al escándalo y la vergüenza.

    Así que no reanudo, no recomienzo, no reemprendo, no restablezco, no reinicio. Solo continúo, sigo, prolongo, persisto, mantengo. Sin dejar de mirar y tratando de ver.

 


 

29/12/25

512. Cuenta atrás

    Cuando te quisiste dar cuenta ya estabas a las puertas de un nuevo año. ¿Otro ya? ¿Tan pronto? El tiempo finito del que disponías se agotaba rápido y volvía a robarte otra pequeña porción de fuerza vital en favor de más cansancio y nuevas arrugas en la piel. También un poco más de todo aquello que, por inevitable y certero, no acababa de gustarte.

    Releíste la lista de deseos incumplidos y te avergonzaste un poco. Cuando la escribiste, no pensabas que volvería a ser otra enumeración de fracasos. Pero el año estaba a punto de morir y su final te mostraba la misma repetición anual de autoengaño flagrante. Así que arrugaste esa verdad incómoda y la tiraste a la papelera de los propósitos frustrados y las causas perdidas.

    Quizá era momento de afrontar el año con una nueva perspectiva, o ni siquiera eso. Empezarlo con la única intención de dejarse arrastrar o mecer por la marea de los acontecimientos predecibles e impredecibles. Y cuando tocara, ponerse en las manos arriesgadas de la improvisación.

    Puestos a desear para el inminente dos cero dos seis, estaría bien que Diosa Fortuna sonriera de una vez por todas a quienes sufren el azote de la guerra, malviven en la indigencia, se consumen de hambruna... O que se desatara alguna peste especialmente selectiva y se llevara a unos cuantos miles de hijos de puta. 

    Estaría bien, a sabiendas de que la realidad volverá a recordarme —como siempre y sin pedir permiso— que algunos deseos tan solo son pura entelequia, y que mañana será igual que ayer.  

 

    

26/12/25

511. ¡Adelante!

    Qué más da que nos hayamos fumado un pitillo mientras hablábamos de nuestras familias. Que nos contáramos lo mucho que echamos de menos nuestros hogares. Qué importa que en el partido de fútbol improvisado, me tendieras la mano para levantarme del suelo cuando me barriste en el área de la portería. Que cantáramos unos villancicos y nos intercambiáramos algunos presentes.

     De qué ha servido el alto el fuego si seguimos en 1914 librando la Gran Guerra desde nuestras trincheras de barro ensangrentado. Qué sentido tiene la tregua, cuando el 25 de diciembre ya ha transcurrido y de nuevo debemos amartillar nuestro fusil y ajustar la bayoneta para matarnos porque volvemos a ser enemigos. Dónde ha quedado la paz, ahora que las detonaciones se unen a nuestros gritos de guerra y nuestros respectivos mandos nos ordenan: «¡Adelante!». 




22/12/25

510. Los buenos deseos

    ¡Eh, tú! Ahora que estamos en la semana en la que profesas amor, paz y buenos deseos para el prójimo, que no sea solo porque es lo que toca. Así no ayudas a todo aquel que de su vida miserable necesita escapar, y que para ello debe recorrer vastas distancias hasta llegar al cayuco, y de ahí cubrir enormes extensiones de agua. Así que deja de emborracharte desde el calor de tu casa con consignas navideñas que de nada sirven. Pasa a la acción útil: no regales al que ya tiene, y obsequia a los hijos del hambre un chaleco salvavidas, ropa de abrigo o un par de deportivas blancas.




18/12/25

509. El rito secular

    Después de tres o cuatro días de borrascas reparadoras, las calles húmedas despiden un brillo correoso al contacto intangible de la luz eléctrica. Las zonas públicas de la ciudad que los sintecho eligen para quedarse están iluminadas por haces de luz amarillenta y cálida. Quizá es la única manera que tienen de sentirse acogidos. Ninguno de ellos arrastra su desamparo por las áreas industriales. Esas zonas que en las fechas señaladas quedan solitarias y silenciosas, y por la noche son alumbradas por la luz fría y azulada de la soledad, donde ningún empresario les ofrecerá nunca una oportunidad. 

    Pero la ciudad, en su impasible indiferencia, también acoge en sus entrañas de hormigón y acero a los afortunados que tienen una vida feliz, o una vida. La semana que viene veré a esos alegres seres hacerse fotos con Papá Noel. El impostado anciano regordete vestido de rojo y blanco —porque así lo quiso consolidar Coca-Cola en los años treinta— sostendrá con su mano enguantada una campanilla que hará sonar en las entradas de los comercios medianos y grandes almacenes a la voz de «¡Jou, jou, jou!», «¡feliz Navidad!». Y los sonrientes dueños de esos negocios se fregarán las manos y pensarán para sus adentros: «¡Entrad y comprad, comprad, comprad!».

    El rito secular, tradición cíclica maldita, ya estaba dispuesto para obrar en nuestras vidas felices e infelices.



15/12/25

508. Los últimos días

    Cuando los veo caminar, me veo a mí mismo dentro de unos años. Transitan a la velocidad de la ultralentitud, agarrados a un brazo joven o sostenidos por un bastón. Eso en el mejor de los casos. Si el viento arrecia, ni siquiera se aventuran a salir, y si ya están en la calle, se detienen o buscan el resguardo de una pared amiga.

    Lo que más captura mi atención son sus miradas. Algunas incluso me sobrecogen por su vaguedad. Miran como si todo les fuera desconocido y nuevo; como si se encontraran desubicados en tierra de nadie. Quizá sienten que ya no pertenecen a este mundo, o que este los aparta a empellones hasta relegarlos en un rincón.

    Sus bocas casi siempre están abiertas. Dicen mucho sin pronunciar palabra, y sus manos apergaminadas tiemblan. Yo los veo a pesar de que parecen invisibles a ojos de los demás. Y en las tardes oscuras de invierno, cuando el entramado lumínico navideño funciona a pleno rendimiento, percibo el tenue fulgor de sus auras moribundas.




12/12/25

507. Descreimiento

    Yo, pese a mi descreimiento generalizado, creía en Muerte. Pero mi fe en ella se ha debilitado, porque se ha llevado —y en tan solo dos días— la vida de Roberto Iniesta y Jorge Martínez, antes que la de Nacho Cano y José Manuel Soto. ¿Es que no se da cuenta de que el mundo necesita mucho más a los macarras y antihéroes que a los boceras y populacheros?



10/12/25

506. Confesiones

     Entré en la iglesia de piedra cuando ya era de noche. El interior estaba levemente iluminado por la temblorosa luz de unas velas dispuestas a lo largo de las frías paredes. En el centro del extremo opuesto a la entrada, un enorme crucifijo de madera antigua se erguía en un soporte elevado.

    Me senté en la bancada más alejada de la imponente cruz. Así no tenía que levantar la cabeza para comunicarme. Cerré los ojos, y con profunda veneración rememoré mis actos de hace una hora. Al rato los abrí desprovistos de toda emoción y le comuniqué al crucifijo que le enviaba tres nuevas almas de las que ocuparse.

    Una vez más salí de la iglesia, en paz con la negrura de mi corazón. Y de nuevo me sentí reconfortado a pesar de mis numerosos crímenes.



8/12/25

505. Comunidad de vecinos

    Supongo que cualquiera de los que vivimos en un bloque de pisos tenemos vivencias, risibles o no, de lo que acontece en las reuniones comunitarias de propietarios.

    A mí me hace reír una vecina —es soltera o viuda— que, cada vez que le toca por rotación ser la presidenta de la comunidad, o ejercer alguna función de responsabilidad vecinal, arguye que no puede desempeñarla porque —según sus palabras— ya es grande para esas cosas. Aunque la realidad muestre día tras día que está en óptimas condiciones mentales y físicas. 

    La muy picaruela, que gusta de vivir en la despreocupación, pero que todo se haga como es debido, lleva con ese escueto argumentario unos doce años y, dada nuestra permisividad, le ha funcionado. Y ahora mismo el inevitable paso del tiempo no solo le garantiza la continuidad de su éxito, sino que también le da la razón, ja, ja, ja, ja.

    Sin duda, ha sido una jugada larga y maestra.



5/12/25

504. Sangre en el campo

    Después de treinta años de inactividad, un mal africano que se creía erradicado asola de nuevo a nuestros jabalíes y gorrinos. Esta vez, el virus ha rebrotado en Cataluña con saña inusitada. Tanto es así, que no puedo dejar pasar la oportunidad de presentaros un proyecto musical de unos entrañables amigos sardanistas. Desde el 2003 hasta el 2014, la unión de sus innegables talentos se tradujo en cinco trabajos discográficos que han quedado para la posteridad.  

    ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?, os preguntaréis. Y yo os contesto que, dada la truculencia de las letras y el nombre del grupo, todo.




3/12/25

503. Lejos de lugares extraños

    Mi destino fue que de adulto me ganara la vida en las profundidades de la Tierra. No rockeando en la radio ni en un vídeo por haber triunfado en el mundo de la música. Nada más lejos de la realidad.

    Tuve ayer una epifanía en un momento oscuro, en la que me vi con siete años de edad montado en una bicicleta. Me envolvía un aura resplandeciente, el viento agitaba mis cabellos y mis ojos destilaban inocencia. Quise entonces, con todas mis fuerzas, regresar a ese espacio en el tiempo donde no existía la mentira, todo era fácil y no había nada que entender.

    Ridículo, nostálgico... Qué más da. Ahora solo quiero que los pequeños Danny y Lisa lleguen hasta mí con su canción, me tiendan la mano con una amigable sonrisa y me alejen tanto como puedan del hoy y de lugares extraños.



1/12/25

502. Cíclica sensación olfativa

    Respira hondo cuando salgas a la calle. ¿Lo hueles? Yo lo huelo incluso dentro de casa. Se cuela por los respiraderos, debajo de las puertas y por la ranura de la cinta del recogedor de la persiana. Incluso se abre paso a través de las cubiertas de los altavoces de la televisión y la radio si no las apago. 

    Hasta la jodida Alexa, que no tengo, lo huele.

    Es una sensación olfativa que se manifiesta en diciembre año tras año y produce en la ciudadanía sentimientos dispares. Si lo sientes como un aroma, augura reencuentros y alegría. Para quien lo considera peste, preludia hipocresía y tristeza. ¿Es que no lo oléis? ¡Se está acercando!, ¡se está acercando!



28/11/25

501. Recuerda

    Es el momento de recordar.

    Recuerda que, por muy mal que una persona te lo haga pasar, tú también eres un martirio en la vida de otra y no lo sabes. Por mucho que creas sufrir, no es tanto como lo hace la pieza de en medio del ciempiés humano. Que, por desagradable que sea la imagen desnuda que te devuelve el espejo, siempre irá a peor.

    Si tu pareja no ha respetado los votos matrimoniales y has sido la última persona en enterarte de que eres una criatura astada, recuerda que puedes pasar de lado por donde antes pasabas de frente. Cuando te hablen de igualdad, recuerda que en una relación de pareja siempre hay una parte que da más que la otra; o menos.  

    Recuerda que mentir no te convierte en peor que nadie porque todos lo hacen. Que por mucho que desees que se calle esa persona que te cae tan mal, hay quienes piensan que tú también estás mejor sin pronunciar palabra. Por mucho que te digan que el que calla otorga, recuerda que el silencio es la mayor muestra de indiferencia.

    Recuerda olvidar esto.



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