24/4/26

545. Carta certificada

    Ayer, Día Internacional del Libro, el cartero te trajo una carta certificada. Tenía que asegurarme de que la leyeras, porque a veces el correo ordinario no llega allí donde debe. Por suerte, el funcionario te encontró en casa, pues estabas conectando con tu audiencia de palmeros desde tu ordenador personal.

    En esa carta certificada te explico que las personas que nos pasamos la vida leyendo libros hasta la tumba, no nos vanagloriamos de ello ni nos creemos moralmente superiores a los que optan por otro tipo de locura. Después de leerla, sonreíste con desdén y, justo como calculé, la carta estalló antes de que la arrugaras para tirarla a la basura.

    Te diste un susto de muerte, pero no moriste. La carta bomba certificada contenía la suficiente carga explosiva para que solo te abrasaras las pestañas, las cejas, las mejillas y la punta de la nariz. Bueno, quizás también te has calcinado un poco el cuello, el tórax y las manos. Pero no pasa nada porque descanses un poco de tu cuenta de Instagram mientras te recuperas.

    Lo importante es que hayas entendido el mensaje.




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