7/4/26

540. Magníficos días festivos

    Como es lógico, durante la Semana Santa se ralentizaron los latidos de la ciudad. Muchos de sus habitantes, por poco que pudieron, no se resignaron a quedarse en sus nichos-vivienda habituales. Prefirieron desplazarse y pagar por habitar en otros nichos de otros parajes. Quién sabe si en busca de la paz que no encuentran en su propia casa, o puede que para llenar un vacío existencial que se agranda año tras año. 

    Quizá debieran parar un momento y tomarse el tiempo necesario en mirar más en su interior. ¿Cuánto tiempo hará que no lo hacen? ¿Lo han hecho alguna vez? 

    Pero a mí eso me está más que bien y espero que no dejen de hacerlo. Ya fuera andando o sobre ruedas, en Semana Santa circulé con fluidez por la ciudad. Casi parecía otra. Sentí el aire más limpio, el cielo menos contaminado y las calles menos inmundas. Ni siquiera había en las aceras tantas cagadas de perro como de costumbre. Claro que esos cerdos hijos de puta presupongo que allí donde fueron tampoco recogieron la mierda de sus chuchos. 

    Pero no todo ha sido perfecto. He vivido unos días apacibles a causa de la leve despoblación ciudadana ocasionada por la festividad, y he podido dedicarme a acallar al diminuto diablillo sibilino de mi lado oscuro. Pero con ello he provocado el colapso de las consultas médicas, las farmacias, las salas de urgencias y los quirófanos. Incluso hoy se celebra algún funeral que otro por eso mismo. 

    La verdad es que han sido unos días de fiesta magníficos.



1 comentario:

  1. Jajaja, acabaste con todo lo que te quedó cerca, que todo colapso.
    Abrazo.

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