Como reza el título de la entrada, así era conocido y considerado. No era el más duro, ni el más rápido, ni el más pesado. Solo el que estaba más loco. Antes de que se fuera, pude disfrutar de él en 2018, y ya intuí que no habría una próxima vez. Que el Innombrable lo acoja en su gélido seno.
22/7/25
20/7/25
465. Por las bitácoras muertas
Hoy volví a entrar en tu espacio. Hoy era un día tan propicio como cualquier otro para comprobar si lo habías actualizado. Pero me encontré, más como un presentimiento que como una sorpresa, con que ahora solo pueden acceder a él los lectores invitados. Es decir: nadie.
Habías dado un paso más, claro y definitivo, para alejarte de este medio. Sucede un día u otro, claro. Pasan los años y todos dejamos de ser —unos menos que otros— aquellos alegres tarados de los primeros cinco o seis años.
Supongo que, por experiencia, durante el camino se te cerraron puertas, desaparecieron seres queridos y se rompieron tus relaciones más intensas. Y te has alimentado de alegría, sí, y también de ingentes cantidades de mierda, vomitada luego en forma de literatura y música.
Lo entiendo: era irreversible el cambio; era inevitable el fin, pues, cuando morimos, dejamos el mundo lleno de gafas, calzoncillos, tangas, DNIs, pulseras, fotos amarillentas, relojes que ya no marcan la hora, recetas médicas… Meros objetos convertidos en callejones sin salida.
En vida, sin embargo, incumplimos juramentos y promesas; perseguimos tentaciones que nunca alcanzaremos y traicionamos deseos e intenciones. Y todo eso que tan bien nos define acaba en nada. Como esa bitácora que se cierra o se elimina y pasa a engrosar una solitaria red llena de enlaces que dirigen a ninguna parte.
16/7/25
464. En el vestuario
Pese a la ventilación diaria, el vestuario de la empresa en la que vendo mi tiempo huele mal durante todo el año. En verano, el tufo se intensifica hasta cotas inhumanas. La ropa no es la causante, porque siempre disponemos de ropa limpia y la sucia nos la lava con frecuencia una empresa externa desde que en el BOE se reconoció que las partículas de gasóleo son cancerígenas. De modo que no tenemos más que dejarla en unos cestos espaciosos ubicados en el interior de un contenedor de carga que, a su vez, está fuera del vestuario.
Lo que no se lava son las botas de seguridad. Hay quienes las empapan en la ducha con el fin de reducir la pestilencia que desprenden, pero el efecto conseguido es mínimo y efímero. Con todo, las botas se quedan dentro de la taquilla o fuera de ella, pero siempre en el vestuario. Por supuesto, las cambiamos cuando se han deteriorado por el uso. Pero como eso tampoco sucede por igual ni al mismo tiempo, día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año, tenemos aleteando por todo el vestuario al incansable ángel vengador de los pinreles muertos.
El tiempo de exposición varía en función de lo que tardes en secarte y vestirte, así como de la distancia que haya entre tu taquilla y la puerta de entrada y salida. En mi caso, tengo que cruzar casi todo el vestuario, así que lo hago a paso ligero y en tan solo diez u once segundos. No parece mucho tiempo si descontextualizamos el dato, pero es suficiente para sentirme como si hubiera transitado por la gruta más hedionda de Mordor.
13/7/25
463. Olvidos mortales
No pasa un verano sin que tengamos que estremecernos de horror ante la noticia de que un niño o un bebé ha muerto cocido en el interior del coche de sus padres o abuelos. Por lo que he leído estos últimos días, ocurre muchas más veces de lo que yo creía. Lo llaman síndrome del niño olvidado. Un síndrome que, una vez se manifiesta, acaba en una muerte lenta para el infante y en depresión de por vida, o suicidio, para el adulto olvidadizo e irresponsable.
El móvil no se les olvida, no. Ir a trabajar, tampoco. Es del todo desconcertante.
9/7/25
462. Cuando eso llamado arte se jode de ti
Entré en la galería de arte abstracto porque era gratis y no tenía nada mejor que hacer. Al pie de cada una de aquellas acuarelas, una cartela indicaba quién era el autor, el título de la creación y su significado. Sin embargo, no había relación alguna entre lo que exhibían los lienzos y lo reflejado en las cartelas.
Me dijeron que el arte abstracto es una cuestión de percepción, en la cual el espectador tan solo tiene que elaborar su propia interpretación sobre lo que está contemplando. Si eso es así, las explicaciones están de más, aparte de que se hace muy difícil tomárselas en serio si las lees y luego contemplas las obras. Sería más serio y creíble que el autor dijera que ese es su puto cuadro y que cualquiera lo interprete como le salga de las pelotas.
Como era de esperar, hubo elogios displicentes sobre el equilibrio de las masas de color, la composición de las formas, la armonía cromática y el contraste de no sé muy bien qué, como contrapunto. Ja, ja, ja, ja.
Replicar que el ser humano no tiene nada de creativo fue inevitable. Que, como excelente copión, tan solo es recreativo y que solo Dios (para quien crea) o la Naturaleza (por la que me inclino) lo son.
Como podéis intuir, no hice amigos en la galería. Aunque tampoco los culpo ni son los únicos flipados. Fijaos, por ejemplo, en lo que se dio a llamar arte conceptual. Todavía hoy, cientos de gilipollas pagan y hacen cola a diario para ver una firma estampada en un puto urinario de porcelana expuesto del revés.
3/7/25
461. Amor pubescente triangular
30/6/25
460. RF 2025 (Final)
Dejó de sonar el último acorde de la última actuación del festival, por lo que regreso a mi bitácora y también a las vuestras. La máquina de escribir vuelve a arrancar y la pantalla del ebook se ilumina para reanudar las lecturas. Y cómo no, por poco que pueda, volveré a estar allí.
26/6/25
459. RF 2025 (Inicio)
A quien interese, del día 26 al 29 de este mes estaré en cuerpo y mente en el RF 2025. Lo que significa que, durante ese intervalo de tiempo, cesaré mi actividad tanto en bitácoras ajenas como en la propia. No obstante, me acordaré de vosotros en los aullidos de los trémolos.
