Durante un frío invierno de un año lejano, estuve viviendo en Rumanía. Un trío de torvos rumanos me visitaba a diario para saber cómo iba todo. A veces se quedaban durante dos o tres horas bebiendo chupitos de țuică, mientras competían sobre cuál de ellos era el más rápido en desmontar y montar su arma semiautomática.
Aquellos mafiosos trabajaban para Dragosi, un rumano multilingüe y acondroplásico más hostil que u
Cada fin de semana organizaba fiestas multitudinarias en el Kristal Glam Club. Si le caías en gracia, te ofrecía barra libre y una noche gratis con la escort más deseada de la ciudad. Si le fallabas o bromeabas sobre su tamaño, te castraba con una cinta de cuero mediante una técnica milenaria, desarrollada por sus antepasados en la antigua Valaquia durante cientos
No era ningún secreto que yo le caía bien a Drago
Una fría madrugada de enero yo conducía por los cuatro kilómetros de carretera que me separaban de mi alojamiento cuando, de pronto, el coche derrapó en una curva pronunciada y me estrellé contra un cajero automático y la persona que lo manipulaba. Con el corazón encogido, me bajé del vehículo y me acerqué al accidentado con la intención de liberarlo del amasijo de destrucción que lo aprisionaba. Cuando le pude ver la cara, se me heló la sangre más que la propia calzada: ¡era Fiorenzo, el enlace de la mafia rumana en Italia! ¡Pero qué coño hacía ahí ese puto espagueti!
Al igual que el coche, aquel afortunado cabrón no parecía tener heridas mortales, así que lo metí en la parte trasera del mismo y salí de allí como una exhalación en dirección a la mansión de Dragosi. Había hecho saltar por los aires uno de sus golpes y estaba claro que tenía que dar explicaciones. Durante el trayecto, Fiorenzo se palpaba las partes magulladas del cuerpo y exclamaba: «
Tras llegar a la mansión y farfullar que lo ocurrido fue un desgraciado accidente, supliqué algún tipo de enmienda en un intento desesperado de evitar en mis zonas nobles el abrazo castrador de la cinta de cuero de Dragosi. El susodicho me condujo a su lujoso despacho. Se sir
No parecía un trabajo muy complic
¿Qué podría salir mal?