Un verano cualquiera en algún punto turístico de las costas españolas.
La familia nuclear Parahoy, tal como tenía planeado, se ha despertado a las 5:30 a. m. de un sueño tranquilo. Las alarmas de los móviles de cada uno de sus integrantes estaban sincronizadas. Tienen una misión que cumplir. Con seriedad y concentración, se aplican la pintura de camuflaje facial y se lanzan a la tarea.
Tal como entrenaron en el césped de su casa en primavera, reptan con rapidez por la arena de la playa como un experto grupo de operaciones especiales. La noche respira tranquila, las estrellas resplandecen y las olas rompen suavemente. Tienen todo a favor. Cuando llegan a una zona privilegiada que consideran apta para los propósitos improductivos del día, la abuela alza la cabeza como una cobra y otea de izquierda a derecha como un radar. Hace un gesto con la mano que indica que no hay policía local a la vista, y el padre y la madre se incorporan y clavan una sombrilla con un gesto enérgico de victoria. El hijo y la hija, a su vez, colocan unas tumbonas y unas toallas con la rapidez de una escudería de F1 perfectamente coordinada. La abuela sigue vigilando. En la familia Parahoy todos tienen un cometido y no se tolera el fracaso.
Todavía quedan tres horas para que amanezca. Todo está quieto. La misión ha concluido con éxito y la familia Parahoy regresa a su hotel, ubicado a pie de playa, en la misma actitud reptilesca del inicio. A mitad de trayecto, la abuela de nuevo levanta la mano. El grupo se detiene en el acto: silencioso, profesional y compacto. A unos cuantos metros, parece que otra familia también está en una misión de ocupación ilícita. Uno de sus miembros susurra: «Hijos de puta. Nos han quitado el sitio». La familia Parahoy reconoce en esa sentida maldición al abuelo de la familia Hoyestarde. «Ja, ja, ja. Que hubieran entrenado más», ríen para sí los Parahoy.
En verano, los madrugones tácticos por conquistar una porción de tierra playera son constantes.
Es maravilloso el verano, ¿verdad? Parece que el calor se lleva nuestras últimas capas de raciocinio y sacamos al primate que llevamos dentro a pasear :)
ResponderEliminarLa disputa por un territorio en su máxima expresión, ja, ja.
EliminarHola, Cabrónidas. Muy buen micro y qué bien expones las malas prácticas por obtener el mejor lugar en la playa. Yo odio ir a las playas, o a donde sea, cuando sé que va a haber multitudes. Las pocas veces que lo hice, acabé molesta y sin siquiera poder disfrutar porque tiene uno a la gente encima. Saludos.
ResponderEliminarHola, Ana. La playa se masifica y a según qué horas está impracticable. Todos quieren su trozo de arena yde ahí las artes incívicas tan de nuestra raza especie, ja, ja, ja.
EliminarDescubridores de pedazos de playa paradisíacos. Jajaja.
ResponderEliminarBesos.
Mas que descubridores, apropiadores nocturnos indeseables. :))
EliminarPor estos lados no se puede. Los piratas invasores, ya han parcelado las playas. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarLa lucha por la tierra se presiente encarnizada. :O
EliminarUna del curro me contó que mandaban a su padre con el coche a las ocho de la mañana a la playa para coger sitio. Ellas iban a las once en autobús y el hombre las recibía con todo el tinglado montado
ResponderEliminarJa, ja. Toda estrategia está a la orden del día.
EliminarPufff... Los Hoy estarde seguro se vuelven ahora y cogen las mejores tumbonas del hotel. Que suerte tengo de no tener vacaciones, no madrugo y no tengo que hacer tácticas de guerra en mi tiempo libre. El mundo se va a tomar porculo, la gente ya no sabe ni descansar.
ResponderEliminarTiene que haber sanciones para disuadir a la gente de tales maniobras, ja, ja, ja.
EliminarSi es que el verano es un asco, y en la playa ya ni te cuento...
ResponderEliminarYo creo que el asco proviene de la conducta de la gente. El asco que viene del incivismo, etc. :)
EliminarMe ha recordado un relato que escribía hace tiempo que iba de lo mismo. En mi caso hubo algo de tensión y enfrentamiento.
ResponderEliminarPersonalmente no me gusta el verano de sol y playa, todo muy competitivo y masificado. Pero es que el turismo nos invade cada año y no encuentras un lugar que no esté ocupado por hordas de guiris.
Saludos y abrazos.