10/7/26

566. Viento

    Estaba yo tumbado sobre una hamaca, cobijado bajo una sombra bendita. Tan solo respiraba y reajustaba la postura cada vez que mis músculos se resentían de la inactividad. Aun así, era este un letargo placentero y sedante, que me desconectaba de todo cuanto me rodeaba. El tiempo fluía como una canción lenta al compás de mi inmovilidad, como si por una vez en la vida fuera mi aliado. 

    Estaba yo despierto con los ojos cerrados, conectado en íntima comunión con las corrientes de aire que venían a visitarme. No me hizo falta abrirlos para sentir que me tornaba liviano y el viento, viniera de donde viniera, me acunaba con delicadeza y me elevaba alto, muy alto, por encima de todas las cosas mundanas y prosaicas.




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