Tengo diez dedos con los que poder acariciarte si estuvieras aquí. Pero, como siempre estás lejos, lo intento con veintisiete teclas. Ahora mismo son las dieciocho y cincuenta y tres. Pese a la ola de calor, tengo la ventana abierta. Ráfagas de aire caliente me visitan de vez en cuando y azuzan los árboles, mientras que los sonidos habituales de la ciudad se mezclan con los ritmos musicales que he elegido para esta tarde.
No son los habituales, los que me zarandean y me vuelan la cabeza desde el minuto uno. Hoy, el tema escogido llega hasta mí flotando como el humo del polen, y me envuelve con la cadencia de un mundo sin prisa. La base rítmica se entrelaza con lentitud en mis dedos hasta armonizar con el sonido mecánico del tecleo lento pero sin pausa.
Hoy quería llegar hasta ti y tocarte una vez más. Diez dedos o veintisiete teclas, pero Pure Negga se ha apoderado de mis manos y me ha desviado del camino.
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