La gente se pone de mal humor con los veranos espléndidos. A mí me pasa todo lo contrario: me lo paso muy bien con las olas de calor que me empujan de bar en bar a cumplir con mis rigurosas pausas de hidratación cervecera. De paso, observo y escucho a la clientela.
No recuerdo qué estaba haciendo el día previo a la final del Mundial de Fútbol de 2010. Sí recuerdo que, como ahora, era verano, estaba de vacaciones y tenía un blog alojado en blogs.ya.com, del que quizá hable algún día.
Por aquel entonces llevaba unos cuatro o cinco años emancipado, ya vivía en mi nicho-vivienda actual, y me gustaban y me desagradaban las mismas cosas que ahora. Solo que antes tenía mucha más paciencia y me pesaban menos los cojones.
Entiendo que mañana tú, seas quien seas y vivas donde vivas, te vistas con una camiseta de la selección española o argentina. Yo llevo tres días poniéndome una camiseta de Cradle of Filth. Mañana la dejaré en la cesta de la ropa sucia y me pondré una de Terrorizer o Aborted.
En el fondo, es más o menos lo mismo: el sentido de pertenencia a una tribu, a una entidad o a un colectivo en el cual tu identidad encaja a la perfección. En mi caso, es un estilo musical del que se deriva mi forma de ver y sentir la vida.
Desde luego, no soy mejor que tú si mañana, cuando el árbitro pite el final del partido, lloras de alegría o de disgusto y yo estoy en casa riéndome o sumido en la más profunda indiferencia a ese respecto. No lo soy. Pero es que, a ese respecto, soy incapaz de ser como tú.
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