21/7/26

569. Durante el partido

    Como era de esperar, las calles se vaciaron. Ocurre siempre que se disputa la final del Mundial de fútbol y uno de los dos equipos representa al país donde vives. Así que, tan pronto como empezó a rodar el balón por el césped reglamentario estadounidense, yo empecé a caminar por adoquines y aceras catalanes.
    La urbe estaba quieta y respiraba tranquila. Calculé que mi paseo tenía que durar, como máximo, una hora y media. Pasado ese tiempo, debía estar cerca de mi nicho-vivienda. Fuera cual fuera el resultado de tan sentida contienda deportiva, no quería verme mezclado con la vociferante turba de patriotas de postín.
    No fue esta, sin embargo, una desolación absoluta como la que propició el virus de estos últimos tiempos. Algún que otro vehículo circulaba a placer por la ciudad dormida, y me crucé con un total de catorce o quince personas de rasgos árabes y orientales.
    Puede que estuvieran cumpliendo con obligaciones ineludibles o que, sencillamente, tuvieran mejores cosas que hacer.
    Todo se concentraba entre cuatro paredes, fueran públicas, alquiladas o en propiedad. Ya habían pasado más de cien minutos y no ocurría nada. Supuse que el partido había llegado a la prórroga, de modo que faltaba poco para el final, fuera cual fuese.
    Cuando me encontraba a mitad de mi regreso, un par de fuegos artificiales estallaron en el cielo. De un lugar cercano que no logré determinar, oí el petardeo continuado de una traca; luego, otra. De inmediato apareció un coche haciendo sonar el claxon a rabiar. Tres de sus cinco ocupantes ondeaban la bandera rojigualda. El claxon de otro coche también empezó a bramar y entonces lo comprendí todo.
    Desde donde estaba podía ver el balcón de mi hogar. Apresuré el paso y apagué el móvil.
    Se avecinaba la gran paja nacional deportiva.



3 comentarios:

  1. Hola, Cabronidas.
    No sé si decir que eres afortunado por no pertenecer a la gran turba en un evento como un mundial donde se juegan muchas cosas, algunas antideportivas, como hemos visto con Argentina. Afortunado porque tú si que disfrutaste de un paseo reparador para luego retirarte. Yo, respetando tu posición, de la que me alegro por no adherirte al grupo o rebaño, he de decir que aun siento la emoción bajo mis pies y mi corazón. Cómo se viven los acontecimientos... no sé si es una cuestión de meras creencias o hay algo más. A lo mejor, tú lo tienes más claro que yo y muchos. No lo sé.
    Un abrazo

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  2. Paja nacional, me ha encantado ese concepto. Me gustan las competiciones, pero odio cuando lo llevan todo tan lejos, todo el recibimiento, las glosas, los sesudos análisis, me parece todo tan estúpido e incomprensible.. Sí, una gran paja nacional.

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  3. Hola, Cabrónidas, olé tú por no pertenecer a la turba nacional. Yo, en este caso, claudiqué. No me gusta nada el fútbol, ni me gusta el derroche de dinero que circula a su alrededor, hay deportes y luego está el fútbol... Bueno, pues olvidándome completamente de "mis pecados" vi el partido solamente por poder decir al final: jódete Trump. Y sí, lo dije. Y aunque solo me oyera a mí misma (y ahora tu blog), sentí una gran satisfacción. Después me fui a dormir, aunque no pude por el escándalo en las calles.
    Un abrazo. :)

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