3/7/26

564. En el súper 2

    Detesto el desorden. Detesto que cualquier objeto inanimado que se precie esté fuera de su sitio después de su uso. Así que detesto a las personas que, por ejemplo, al finalizar la compra de productos, dejan el carro del supermercado en cualquier lugar menos donde corresponde.

    A veces lo abandonan a tres o cuatro metros de donde deberían dejarlo. ¡Igual creen que se les hará de noche si deciden cubrir toda esa distancia! ¿¡Tanta prisa tenéis, desidiosos hijos de puta!?

    En mi mente, mato ahí mismo a todas esas personas. Da igual si son mujeres u hombres, chicos o chicas. Solo los niños y las niñas se salvan de mi ira. Porque, si actúan así, es debido a que sus putos padres y sus putas madres no los educan.

    De modo que me quedo agarrado a mi propio carro de la compra y empiezo a calcular. De repente, lo suelto y echo mano al primer carrito extraviado que veo. Lo levanto y lo estampo una y otra vez contra la cabeza y el cuerpo de esa gentuza, como se desempolva una alfombra contra el suelo. Al cabo del rato, termino jadeando, sudado y al límite de mis fuerzas. El carro de la compra está deformado y ellos, irreconocibles, como tiene que ser.

    El silencio se ha apoderado de la escena. Las cajeras del supermercado me miran desde el otro lado del cristal. Un tanto indecisas, abandonan sus puestos de trabajo, salen del supermercado y sortean charcos de sangre y grumos de masa encefálica hasta llegar a mí. Hay unos pocos ancianos consumidores que empiezan a aplaudir. Quizá es la primera manifestación comprensible de violencia que presencian desde 1936.

    Al principio, pienso que las cajeras van a reprenderme por haber reducido la clientela del supermercado. Pero me abrazan con lágrimas de dicha y me dan las gracias. Están hartas de tener que recolocar día tras día, antes de irse a casa, el centenar de carritos que esos hijos de puta dejaban en cualquier zona del aparcamiento del supermercado, como si fueran material desechable.

    Por fin sienten que alguien respeta su trabajo.

    En mi mente, claro.




18 comentarios:

  1. Jajaja, ganas no me faltan de hacerlo también. Detesto el desorden de la gente, tan merecidos los tales por cuales.
    Un abrazo.

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    1. El incivismo campa a sus anchas. Algo hay que hacer para contrarrestarlo. :)

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  2. Yo no he sido. Siempre dejo mi carrito en el aparcamiento de carritos. Pero, si encuentro alguno olvidado cerca de salida, cargo con él; por si se da bien la temporada del níscalo, y con el capazo no alcanzo...

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    1. Esa es una conducta ejemplar, Toy folloso. :)):))

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  3. Se sabe como es una persona sólo con observar esos pequeños gestos. Si algo que no te cuesta nada, no eres capaz de hacerlo, entonces no podemos esperar nada de ti, eres un montón de mierda, así de sencillo.

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    1. Mejor descrito es imposible. Para darles, pero bien.

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  4. Nadie respeta a las cajeras, nunca.

    https://www.minutouno.com/mundo/chile-obligan-cajeras-usar-panales-no-ir-al-bano-n25206

    Y no es el único caso que puede encontrarse en la prensa.

    Saludos,
    J.

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    1. Y porque no pueden sustituirlas por maquinas. Bueno, a lo mejor sí que pueden, pero sale más barato la medida infrahumana de los pañales. La mafia empresarial...

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  5. Jajajaja, por Dios hazlo un día. Igual basta con empujar el carro y pelar unas espinillas. Eso da un gustazo.
    Una vez un tipo me dejó el carro pegado a mi coche pero en toda mi cara justo cuando yo iba a salir. Le dije que lo pusiera un sitio y me ignoró. Así que tuve que bajarme y quitarlo yo. Salí a toda hostia con el coche y me puse en la barrera de salida antes que él. Corte el paso. Me bajé del coche y fui. A colocar su carro lo más lejos del aparcamiento. Ni se atrevió a pitar ni decir nada. Solo esperó con cara d mala hostia y la ventana subida. Me quedé con las ganas de que bajase y partirle la cara, no lo hizo. La escena fue literal. Me fui a medias pero contenta. El desorden no me gusta, la gente incívica tampoco. Pa chula, yo. Que se puede resumir. 😉

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    1. Mientras estemos dispuestos a hacer el bien, quizá el mal no acabe de triunfar. De ser yo el conductor, tampoco me hubiera bajado, ja, ja.

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  6. Al gimnasio al que asisto, antes de un cambio de dueños y nombre era glorioso, no era lo mejor de lo mejor pero era lo necesario, las mancuernas y discos siempre disponibles y en su lugar, ahora NADIE pone las cosas en su lugar y nadie dice nada, y ahí me tiene como idiota tomando mis mancuernas de 45 libras, haciendo mis ejercicios y cuando regreso en su lugar están varias mancuernas de 10 y 20 AÚN cuando está ahí marcado y con letra ENORME "45 lbs", me enojo, y aviendo las mancuernas encima de las que dejaron de menor peso, el día que me reclame alguien del personal le voy a hacer ver eso, que yo estoy cumpliendo con poner mis mancuernas en su lugar, otros idiotas no respetan. Abrazo.

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    1. Seguro que en casa lo tienen todo en su sitio. No se pasaran un día con el peso haciendo pecho y acabaran con el tórax hundido. :D

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  7. ¡Hola! Al leer tu texto he recordado que el tema del carro del supermercado dio como para una especie de teoría, he ido a buscarlo para escribirlo con más detalle y es algo así como "Teoría del Carrito de la Compra", que, por lo visto se hizo viral en internet y venía a decir que la madurez moral de una sociedad se mide por un acto simple: devolver el carro a su lugar tras usarlo.

    Por otra parte, volviendo al texto, me ha parecido una escena muy cinematográfica, tirando al gore, claro 😅. Y con ese final que nos saca de la escena con un "menos mal, estaba en su mente", pero también con un "pero que la gente devuelva los carros a su sitio, por favor, que no cuesta nada".

    Un saludo!

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    1. Hola, M. A. Así es, lo que hacemos y lo que no hacemos y deberíamos hacer, determina quiénes somos. En lo que respecta al carro, menos mal, somos más quienes lo ponemos en su sitio. Aunque no muchos más. :)

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  8. El carro de la compra, vehículo del consumo y de los instintos más bajos de los consumidores

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  9. Prometo que yo soy de las que llevo el carrito a su sitio aunque el coche esté en la otra punta.

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    1. Perfecto. No seamos como esos indeseables hijos de... :)

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