El otro día transité por el extrarradio hasta llegar al tanatorio del polígono industrial situado en la zona oeste de la ciudad. Conozco bastante bien ese sitio, pero no tenía ni idea de que una de las naves más gigantescas que hay frente al tanatorio fuera un gimnasio.
Enseguida, y sin venir a cuento, establecí un contrapunto chorra.
A un lado estaba el templo expositor de los muertos, maquillados y bien trajeados, a la espera de ser un puñado de cenizas en una urna o pasto de larva bajo las raíces de los cipreses. Rostros impasibles y ambiguos, velados por rostros con ojos llorosos y nariz moqueante.
Al otro lado, anatomías jóvenes y de mediana edad autosometidas a la tortura de las pesas y al cardio obsesivo. Rostros sudorosos y esforzados en lucha constante por retrasar los efectos devastadores de la inevitable decrepitud.
Sea como sea, la muerte y la vida siempre van juntas. Siempre están cerca la una de la otra. Hasta que la primera —siempre la primera— decide romper la relación.
Sabía de gimnasios que colocan frente o cuerca de una tentación, pero el do que un tanatorio lo sea.
ResponderEliminarSí, si voy, leve; ya no me sobreesfuerzo como antes, precisamente por lo que has mencionado.
Bueno, espero se entienda esa metida de pie del autocorrector.
ResponderEliminarHola, MDN. Se ha entendido. No creo que el tanatorio sea tentación. Pero desde luego será la casa de todos por tiempo breve.
EliminarSólo falta, al lado, una pastelería, para completar el ciclo de la gula, el culto al cuerpo y el irremediable final... Los polígonos, esa extraña convivencia de ideas, siempre me han parecido lugares maravillosos.
ResponderEliminarSon como un mundo aparte en los que parece que nunca ocurre nada. Pero solo lo parece. :)
Eliminar¡Ja, ja, ja!
ResponderEliminarUna bofetada de la realidad.
En resumen, por más que te entrenes, te machaques y gastes dinero en proteinas y demás polvos, acabarás en la acera de enfrente.
Me encantó el relato, ja, ja, ja.
Saludos.
No es que esté mal hacer ejercicio, pero con moderación. No vaya a ser peor el remedio que la enfermedad. Celebro que te guste. ;)
EliminarMuy bien relato que nos enseña descaradamente lo que es la vida. La música bien puede adaptarse a los dos sitios simultáneamente, sí que está especial pero no la escucharé con frecuencia porque suena peligrosa. Un abrazo Cabrónidas! 💀☠️
ResponderEliminarGracias, Maty. Haremos solo el ejercicio justo y necesario para no parecer muebles, pero nada más. Otro para ti. :)
Eliminar* "buen relato
ResponderEliminarSalen gimnasios como setas y esos polígonos que han llenado con todo, no van a ser menos: gimnasios, pádel y todo tipo de cosas para sudar que se lleven ahora. Lo de los tanatorios en los extrarradios no son menos... creo que se aprovechan tanto de las familias, ahora incluyen packs de transporte con bonos para taxis... El caso es sacar negocio para cualquier momento de la vida. :S
ResponderEliminarSí, creo que las funerarias es el negocio más infalible que existe. Jamás habrá crisis o altibajos al respecto. Ganancia asegurada por los siglos de los siglos. :)
EliminarVida y muerte cohabitando. En uno la lucha por detener o retrasar el deterioro; y el otro paciente, solo espera.
ResponderEliminarAsí es. Todo un contraste. El gimnasio no nos espera, pero el tanatorio sí.
EliminarAquí tenemos, imagino que lo habrá en muchas ciudades, un tanatorio frente a un hospital, que cuando estás ingresado y miras por la ventana piensas: "al menos el recorrido es cortito" no vaya a ser que nos cansemos justo en la recta final :)))
ResponderEliminarBeso
Sí, eso es un total sentido de la funcionalidad, ja, ja. :)
EliminarBueno, si alguno se pasa con la carga y le da un chungo tiene todo a mano...
ResponderEliminarJa, ja... Solo hace falta que haya un cura y un médico en las inmediaciones. O haciendo pesas. :)
EliminarHola, Cabrónidas. Una reflexión muy certera enfatizando nuestras absurdas ambiciones corporales cuando al final quedaremos todos hechos una calavera o un montón de cenizas. Que sí, que está bien cuidarse, nadie dice que no, pero hay gente que le exagera. Muy aguda observación. Abrazos.
ResponderEliminarHola, Ana. Desde luego, todas las obsesiones son malas, aunque algunas sean deportivas.
EliminarOtro para ti. :)
Hola Cabronidas.
ResponderEliminarDos imágenes que parecen antagónicas pero que se compenetran más de lo aparentemente perceptible. Porque podía haber sido una entrada poética o filosófica pero está claro que la realidad manda. Los vivos y los muertos interconectados a través de dos lugares característicos. Me gustó cómo juegas con maestría con lo inevitable de ambos estados y lo unidos que pueden estar.
Un abrazo
Son dos caras de la misma moneda. Solo que da igual si sale cara o cruz: el resultado final siempre será el mismo. Genial que te gustara. :)
EliminarDe una forma u otra vamos a sufrir, sea ejercitándonos por obligación o muriéndonos por obsolescencia biológica programada.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Solo podemos aspirar a un buen mantenimiento de nuestra maquinaria. Es más cómo se llega al final, que el final en sí mismo, que siempre es La Parca.
EliminarMuy fuerte contaste.
ResponderEliminarAbrazo.
Hola, Sara. Lo es, lo es. Estamos roeados de contrastes a todas horas, solo que muchas veces no los apreciamos.
EliminarOtro para ti. :)
Los contrastes... alimentándose unos de otros.
ResponderEliminarMe encantó 👏🏼👏🏼👏🏼
Y nosotros en medio de ellos, dándoles sentido, o todo lo contrario. Celebro y agradezco tu agrado. ;)
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