Fueron muchas las noches en las que la mítica sala Bóveda (antigua Mephisto) se desbordaba en picos de exceso decibélico. Por otro lado, la paz auditiva empezaba a ser un bien escaso para quienes vivían en zonas concretas de las extensas y medianas ciudades. El descanso nocturno se había convertido en un privilegio y la legislación vigente era clara al respecto.
Un día, cierta persona extranjera adquirió un piso turístico muy cercano a la sala. Como consideró que la actividad sonora de la misma atentaba contra las potenciales ganancias del futuro alquiler de su adquisición, en noviembre de 2024 esa persona denunció. Después hubo una sentencia y la sala, tras treinta años sin quejas formales ni similares, tuvo que apagar las luces y cerrar sus puertas.
Uno de los bastiones barceloneses de la música extrema había caído, y ya no volverían a retumbar en las grietas de sus paredes las armonías de la destrucción. Pero en 2025 la sala del Innombrable (actual Bóveda) derrotó a su denunciante en los tribunales y empezaron las tareas de reforma e insonorización, acordes con la normativa actual.
Dentro de poco —quizás este verano—, la sala reabrirá sus fauces salivantes y de nuevo acogerá a su irreductible legión de acólitos en sus renovadas y fétidas entrañas. La distorsión volverá a adueñarse del lugar y otra vez se desatará la inhumana locura del respetable.
En cuanto a ese delator interesado, ya le hemos seguido la pista para secuestrarlo y atarlo a uno de los altavoces de la sala tan pronto se dé el primer concierto.
Dolió el silencio, pero más dolía la idea de perder ese caos que nos hacía sentir vivos. La Bóveda no se apaga… solo estaba tomando aire. Y cuando vuelva, que tiemblen las paredes.
ResponderEliminarDejo mi huella.....
¡Hola, Naúfrago! Te agradezco esta muestra de tu presencia. Bienvenido a la narrativa esquizofrénica. De nuevo la sala Bóveda amparará nuestros corazones. :)
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