Estimado lector y querida lectora, esto que a continuación relato ocurrió tal cual.
Antonio, alias Carabú dado su rostro difícil, al final accede a someterse a una sesión de hipnosis para curar su migraña. No por desesperación, ni tampoco porque la ciencia, por el momento, sea incapaz de ofrecer una cura definitiva. Sino porque fue tal el empeño de su mujer, que llegó a ser peor que la propia dolencia. Es decir: Carabú no tuvo más remedio, ni para lo uno, ni para lo otro.
Así pues, llega el día concertado y Carabú, en compañía de su mujer, entra en la lujosa consulta del hipnotista. Hacen las presentaciones de rigor y hablan de sus episodios de migraña, que suelen ser recurrentes e intensos. De seguido, por petición expresa del hipnotista, Carabú se tumba en un diván y cierra los ojos. Su mujer está sentada en un sillón, a cierta distancia, para no perturbar la conexión preternatural entre sanador y paciente.
El hipnotista, desde la penumbra y con voz entrenada, insta a Carabú a que se relaje y visualice un entorno paradisíaco bañado de un sol que no quema. Al cabo de un minuto eterno de reloj, el hipnotista le pregunta a Carabú si ya está inmerso en su visualización. «Sí, estoy», contesta Carabú sin convencimiento alguno. Su mujer se intranquiliza, pues conoce a su marido y sabe que no visualiza un carajo. «¿Ves el sol, Antonio?», continúa el hipnotista. «¿Ves tu sol en todo su esplendor?», «eh... sí, lo veo», responde Carabú en pleno trance con un carraspeo. Su mujer no cree una palabra. Va a pasar algo de un momento a otro, está segura. «Bien, Antonio, pues si lo ves, viaja hasta él y traspásalo».
En ese momento, Carabú se levanta del diván con agilidad inusitada y un reniego, coge a su mujer de la mano, y le contesta al hipnotista que lo único que va a traspasar es el umbral de la consulta para salir y no regresar jamás.
pobre hipnotista, con tanto descreído no hay forma de estafar a gusto, hombre...
ResponderEliminarSolo le sirvió para no tener que escuchar a su mujer. :)
Eliminaralgunos mal pensados dirían, entonces, que fue un dinero bien invertido :)
EliminarLo dijeron, lo dijeron... :)
EliminarHola, Cabrónidas, pues la verdad es que ha hecho bien, lo mejor es no hacer caso a blablabla, que es lo que son.
ResponderEliminarUn abrazo. 🤗
Hola, Merche. Supongo que vale más tener migraña que malgastar el dinero. Ya nunca sabremos qué hubiera pasado de traspasar el sol. :))
EliminarUyyyy la migraña daña jaja personalmente la viví y no se la deseo ni a mi peor enemigo.
ResponderEliminarCasi iba con un gurú o brujo o hipnotista pero era una chavala de 16 años seguro mi madre tenía mejor criterio
De pronto me acuerdo que en plan hipnotista mi doctor neurólogo me dijo que para ir al estudio ese donde me iba. A poner. Chupones en la cabeza para ver si no tenía otra cosa pero que elmdolor de cabeza jaja me sugirió que lo.mejor era - en no pensar en nada-
Ay no!! Te darían que haberme hipnotizado para no pensar jajaj
A lo mejor la clave es pensar en no pensar. :)
EliminarUyss de estas gentes lo más lejos posible... no sale nada bueno de ahí. Fue inteligente!
ResponderEliminarSolo sales con el bolsillo más vacío.:)
EliminarMuy bien por Carabú...!!
ResponderEliminarSe dio cuenta a tiempo y se fue de un salto. No creo en esos chantas que te curan por hipnotismo, sucede que a veces la desesperación por un malestar nos lleva a creer en charlatanes.
Buena semana.
Diría que solo quería contentar a su mujer y aguantó lo justo y necesario.:)
EliminarHombre de poca fe! Qué le costaba hacer feliz a su mujer y quizás de rebote librarse de las migrañas
ResponderEliminarA la mujer ya la contentó. Lo que no es poco.
EliminarHay que ver la de gilipolleces que hacemos cuando estamos desesperados.
ResponderEliminarHostia, has retornado a la blogocosa. Sí, ciertos dolores nos conducen a medidas surrealistas para paliarlos.
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