10/2/26

524. Todo queda en familia

    Hoy, después de muchos años de amistad, Demenciano me ha hablado de algunos miembros de su familia. 

    Así he sabido que Egilona, su madre, nunca se gastó un céntimo en desodorante axilar, ya que exprimía la fruta con el sobaco, fuera el izquierdo o el derecho. Los zumos, según Demenciano, salían riquísimos, por lo que aún sigue sin entender por qué a edad temprana su madre murió de cáncer de alerón y él sigue vivo.

    Su padre, Amalarico, también tenía singularidades. Siempre decía que una de las zonas del cuerpo que más había que cuidar era la boca, y como era alérgico al flúor, a diario se rociaba la dentadura con spray de éter después de cada comida. Asevera Demenciano que su padre nunca tuvo caries, pero siempre que sonreía aterrorizaba a toda la familia.

    El abuelo Gundemaro era igualmente peculiar. Como el venerable anciano padecía insomnio, cada noche se fumaba a la intemperie cigarrillos de hojas secas de geranio envueltas en papel de periódico. Hasta que una madrugada veraniega, Demenciano lo encontró recostado en un olivo y calcinado de pies a cabeza. ¡Pero si el abuelo Gundemaro apagaba las colillas a martillazos! Al menos, Demenciano se consuela con el recuerdo de que la calavera carbonizada de su abuelo exhibía, aunque postiza, una campechana sonrisa.

    Por último, me habló de su abuela Teodosia, la cual obtuvo fama de mujer hercúlea que no le temía a nada, cuando con sus manos arrugadas y callosas partió el cuello de los dos jabalíes de tamaño imponente que destrozaban los cultivos de su terreno. Tanto se lo creyó, que una tarde, ya muy avanzada de edad, le dio por bailar en la fiesta de la cosecha sobre las vías del ferrocarril recién inauguradas, mientras el tren que había de estrenarlas se acercaba a toda velocidad. «¡Que se aparte él!», chillaba la abuela Teodosia, con el ritmo en el cuerpo, por encima de los insistentes pitidos del expreso. 

    Eso fue lo último que Demenciano la oyó pronunciar antes de verla desaparecer en un estallido. 

    En fin, las familias no se eligen, y Demenciano se crió en una complicada.



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