3/2/26

522. Macaria

    Macaria no es que idealizara la monogamia, pero hubo un tiempo en que estaba dispuesta a envejecer junto a Demetario, de no ser porque este, en los últimos tiempos, se había convertido en un pedorro incontinente. Un día inesperado y lluvioso, la consistencia mefítica de uno de los cuescos fue tan inhumana que Macaria rompió la relación tras una explosiva reacción.

    A falta de un piso de alquiler asequible, y por ende inexistente, Macaria se alojó en el de su amiga Petronila, que la acogió con los brazos abiertos. Petronila nunca le contó a Macaria que Demetario le cayó mal desde el día que lo conoció, así que en su fuero interno se alegró de la ruptura de la relación. Demetario tenía algo que la disgustaba y que no lograba identificar, y cuando Macaria le explicó el porqué de su situación, no pudo contenerse en exclamar: «¡Así que era eso!», «¡puto mamonazo!», «¡no se los pegará estando yo!».  

    Pese a todo, Macaria echaba de menos a Demetario más de lo que se atrevía a admitir. Como tampoco estaba para aguantar sermones, se abstuvo de contárselo a Petronila. Quizá incluso le diera otra oportunidad. A la postre, nadie es perfecto y Demetario poseía más virtudes que imperfecciones. Pero de momento no le cogería las llamadas del móvil. Ahora le tocaba sufrir a él.

    Naturalmente, Macaria también sentía intensas apetencias carnales, y aunque ya sabía la respuesta, se preguntó cómo lo estaría llevando Demetario. Ella tampoco recurriría al turbio mundo puteril. No por principios, sino porque no lo necesitaba. Sus armas de mujer, además de las innatas, seguían en perfecto estado de operatividad, con lo cual aún podía aspirar a acostarse con cualquier hombre que se le antojara. 

    Por el momento, tenía que ordenar sus pensamientos y ver cómo se resolvía todo. Como todavía sentía por Demetario, para su desfogue carnal solo utilizaría el arsenal onanístico de Petronila, que era numeroso y variado. Siempre estaría a tiempo de hacerse sodomizar por el simpático y musculado senegalés del tercero B.



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