24/2/26

528. 6G

    ¿Era el viento las orejas de 6G en movimiento? En efecto, 6G era un orejón como nunca nadie ha conocido. Pero ya nunca tendremos la respuesta. La última vez que lo vimos con vida, 6G tenía quince años de edad, y se agarraba de cara al marco de la ventana de un octavo piso con los brazos estirados y los pies apoyados en el alféizar, asomando el culo al vacío.

    Los que lo conocíamos, aunque alarmados, sabíamos que no era un intento de suicidio. A 6G le gustaba el riesgo y atraer miradas. Y también era bastante subnormal. Tardó un parpadeo en estrellarse contra el suelo. Con todo, nos dio tiempo de pensar que quizá movería sus orejas como Dumbo y ascendería en el aire para posarse, cual superhéroe marveliano, en alguna cornisa.

    Por lo demás, no es que fuera un chaval ejemplar. Sin que fuera un elefante, tenía mucha trompa para su edad. O más cara que el monte Rushmore, según se prefiera. También tenía inclinaciones sádicas. Le gustaba el maltrato animal, ya fuera como espectador o realizador. Probablemente, si 6G hubiera vivido más tiempo, habría acabado siendo uno de esos cazadores que ahorca a sus galgos de un árbol cuando ya no le sirven, o un despreciable taurófilo.

    Creedme que, salvo señal, no se perdió mucho.




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