Los cadáveres treintañeros de Mórbida y Obeso fueron encontrados una noche de invierno sin luna. Ambos yacían desnudos sobre una cama de matrimonio reforzada. Eso explicaba que no se viniera abajo, aunque, dadas las marcas en el suelo, parecía desplazada de su sitio habitual.
A simple vista, resultaba complicado discernir en qué punto del sobrecogedor apareamiento empezaba el cuerpo de Mórbida y terminaba el de Obeso, ya que ambas grasas abdominales, de extremidades y glúteos, se entrelazaban y superponían en una masa informe.
El cuadro despertaba asociaciones perturbadoras con el género rosado y envasado en plástico que se expone en las carnicerías.
Los cuerpos todavía estaban tibios y el sudor que los impregnaba aún no se había secado, lo cual indicaba que habían muerto hacía poco. Quién sabe si de infarto, provocado por una frenética y desacostumbrada actividad física supuestamente amatoria.
La vida podía irse en momentos intensos, o en la calma sedante de un hospital. A ellos la muerte vino a buscarlos pronto, pero quizá se portó bien y no sufrieron. Al menos, no tanto como cuando en vida soportaban en silencio una sociedad cuyos actos hacia ellos pesaban más que la cifra que ofrecía la báscula.
Espero que hayan llegado juntos antes de irse juntos, o algo así, que la noche no me ayuda.
ResponderEliminarHace unos años contraté a una constructora para que derribará una casa que era costosa de rescatar, aunque también es costoso tirar una vivienda, los arquitectos hicieron el presupuesto y acordamos una fecha para iniciar, nunca aparecieron, la noticia fue que esta pareja llegó a un motel y alguien entró, los asaltó y robó, en la nota, al lado de la fotografía había otra, un hombre y una mujer -parejas respectivas- reconociendo los cuerpos. Por cierto, la casa sigue en pie.