Pasó mucho tiempo hasta que supe por qué nuestro profesor de catalán y manualidades, alias Cara de Pera, se abstuvo de dejar un folio en blanco en el pupitre en el que estaba sentado Antonio. Éramos treinta alumnos en clase. ¿Acaso el Cara de Pera solo tenía veintinueve folios? No: tenía más, muchos más. Entonces, ¿por qué se saltó a Antonio?
Por aquel entonces yo tenía doce años y todo estaba por aprender. No sabía nada, salvo que había que obedecer y aprobar. De lo contrario, podían infligirte broncas y castigos, y ningún menor de los que estábamos allí queríamos eso. Por aquel tiempo muchas cosas me resultaban absurdas y del todo incomprensibles, y no es algo que haya cambiado mucho hasta el día de hoy.
Pero llega un día en el que ya no tienes doce años. Tienes trece, catorce y luego quince, y así sucesivamente. Y de la forma más insospechada, algo en tu mente hace clic y te dices: «Hostia, ya sé por qué el Cara de Pera pasó de Antonio el día que repartía los folios en blanco en la clase de manuales».
En un mundo ideal, los padres de Antonio habrían podido pagar las mil pesetas anuales que se requerían para poder acceder al material escolar, aunque la enseñanza pública te la vendieran como gratuita.
En un mundo ideal, la cultura y la enseñanza serían gratuitas de verdad y estarían al alcance de cualquiera, y no existirían profesores como el Cara de Pera. Estos serían empáticos y sensibles, y habrían obviado el impago de aquel tributo escolar, o bien, por qué no, saldado la cuenta de su propio bolsillo.
Pero tal mundo jamás ha existido ni existirá. Cara de Pera pasó de largo como si tal cosa, indiferente al desconcierto cristalino e inocente de nuestras caras y al propio Antonio, al cual le ardían las orejas, agachaba la cabeza y se hundía en su pupitre hasta desaparecer.
Desde aquel día odio a Cara de Pera.
Jolines, Cabrónidas, pues vaya. Quizá sin pretenderlo o pretendiéndolo, vete a saber, le hacía acoso escolar, porque eso no debería consentirse, por respeto, por educación. Muy mal la actitud de ese profesor y hasta del centro diría yo.
ResponderEliminarUn abrazo. 🤗
Sí, pero a ver quién decía algo, cuando solo tienes doce años y no sabes por qué coño pasa lo que pasa. Otro para ti. :)
EliminarMenuda falta de respeto y más si fue a caso hecho, o como diría el chavo, sin querer queriendo.
ResponderEliminarUn abrazo 🤗
A caso hecho seguro que fue. La culpa la tuvieron mil pesetas que una familia no pudo pagar.
EliminarNo me extraña, dicen que hay una fina línea que marca el odio.
ResponderEliminarLa hay, sí. Y todo humano lo ha experimentado, pues forma parte de nosotros.
EliminarSupongo que era una escuela pública, y el cara de pera no le dejó la hojazde Manualifades, porque ŕk se creía de buena familia, y Antonio era un chiquillo que tenía que vender dulces en la calle para llevar de a la casa algo de comer . Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarHola, Carlos. Sí, era una escuela pública, donde siempre se ha dicho que la enseñanza es gratuita. Pero quizás no del todo. La familia de Antonio, hasta donde sé, era una familia de muchos hermanos, y no es que nadaran en la abundancia, precisamente. Tal era así, que mil pesetas de la época, que no era poco, eran vitales para la economía familiar.
EliminarHola, Cabrónidas.
ResponderEliminarRegreso del infierno, bah, qué exagerada o no. Bueno, empezaré a poder estar algo más presente, eso si no me desintegro, que también es una posibilidad, ;) Tu entrada toca la patatita. En fin, me has hecho recordar, soy de un pueblo pequeño, pero es verdad que había material que se debía comprar aparte, recuerdo que teníamos que ir al pueblo de al lado, y si no tenías el mismo marcaba una diferencia respecto al otro. Y reitero, provengo de un pueblo pequeño y entre nosotros no había diferencias opresivas, por suerte esa conciencia o penosa realidad llegó muchísimo más tarde.
Abrazos.
Hola, Irene. Desde luego, Cara de Pera nos enseñó aquel día cómo ser un hijo de puta. Los actos más insignificantes a veces marcan las más grandes diferencias.
EliminarYo vi cosas así a esa edad. Y recuerdo las respuestas de mi abuela cuando llegaba a casa y le hacía preguntas sobre ello. Ahora tengo 50 tacos y llevo desde los 18 llevando niños al colegio (mi hermana pequeña, mis hijos y ahora mis sobrinos),hago está mención porque este año para la fiesta de fin de curso me aborda una madre en la puerta del cole y me pregunta si mi hermana tenía pagado la cuota del regalo de la profe y las chuches de los niños que se les iban a repartir. Le dije que no sabía y que me explicase lo que ocurría. Las empáticas mamás iban a poner solo el nombre de los niños que habían pagado y los que no además se iban a quedar sin la bolsita de chuche. Como ves el sistema va de mal en peor en los últimos cuarenta años. Muchos de aquellos niños de entonces nos resistimos hoy a sucumbir a esta mierda mientras que otros se dejaron llevar y ahora educan en esa misma doctrina a su prole. Somos responsables del mundo y de la sociedad que dejamos a nuestros hijos...siento rabia y tristeza a partes iguales.
ResponderEliminarMe confirmas lo que ya sospechaba; algo que ya intuía. Los viejos cánceres, grandes y pequeños, parece que no desaparecen, se reproducen y arraigan en lo más hondo. Un fracaso a todos los niveles. Qué mundo...
EliminarEste Cara de pera no era un profesor sino un desgraciado y clasista , sin un mínimo atuso de empatía. De esos el mundo está plagado y un montón de ellos están en la política.
ResponderEliminarUn saludo.
Hola, LPDE. Desde luego, es una deshonra para su profesión.
EliminarDe alguna manera nos las hemos apañado para crear un sistema insostenible. Una vida inviable. Una sociedad incongruente y apardalada que, tal vez, se merece lo que tiene.
ResponderEliminarNo me cabe duda de eso. Nos han dado ideologías y no solo han conseguido dividirnos. También han logrado que nos pese más la mierda que tenemos aposentada en el cerebro que la que tenemos en el culo.
EliminarVeo en los comentarios que era un colegio público, ¿no sería concertado?, en los privados y concertados sí he visto esos chantajes, porque son chantajes. HUmillan al pobre chaval para presionar los padres, unos hijos de la grandísima puta... en un público, directamente deberían expulsar a ese profesor, la verdad.
ResponderEliminarNo, no era concertado. Aunque eso lo supe años después. En fin, hay profesores y profesores. Supongo que todos tenemos historias de este tipo al respecto.
EliminarYo tuve de profesor en la básica, que algo me recuerda, en su vibra de mierda que me transmite ese Cara de pera, y que era profesor de religión: de lo que recuerdo, le gustaba humillar a los estudiantes que le hacían preguntas que le parecían tontas... A veces los ponía en las esquina del salón (si según el profesor el alumno era "muy desordenado" o "interrumpía mucho") mirando contra la pared. O de cara frente a los alumnos, de pie, con la espalda pegada en la pizarra y les dibujaba unas orejas de burro (y los obligaba a rebuznar). Además era histérico a cagarse. Mi teoría es que estaba pasando por una crisis espiritual. Por algo después lo secuestramos e intentamos hacerle un exorcismo ... Naaa ¿pero te imaginai la historia tuviera ese giro? El resto es verdad, eh. Me imagino que duró poco (en el cargo, espero que no de la vida). Pero era muy raro. Raro mal. Ojalá lo haya superado. Era joven en ese entonces. Va un abrazo, Cabrónidas.
ResponderEliminarNo puedo más que preguntarme cómo un espécimen de esa ralea se dedicó a la enseñanza. Algo falló en el proceso para que así fuera.
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