Hace cerca de un año que vivo en compañía. Pese a que no hace ruido ni genera gasto, he decidido echarla de mi nicho-vivienda de una vez por todas. Como tampoco tengo tiempo para estudiar su comportamiento y encontrar la forma más efectiva de hacerlo, he optado por preguntarle al Modo IA de Google.
Por momentos, me he sentido como la teniente Ripley cuando interactuaba con MADRE, la inteligencia artificial de la nave Nostromo, para saber cómo enfrentarse a aquel octavo pasajero que nos estremeció a todos en 1979.
Ahora que tengo toda la información que necesito, sé que no será fácil. Me enfrento a una forma de vida escurridiza, poseedora de un arraigado instinto de supervivencia. No en vano lleva siglos entre nosotros.
Ayer, sin ir más lejos, me di cuenta de que esas diminutas criaturas traspasaron la frontera del baño, llegaron al comedor y empezaron a devorar Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. Y no lo puedo consentir.
Para bien o para mal, hoy empieza mi lucha contra el Lepisma saccharina.
El bichito es inofensivo, según Google, o IA de Google, que ya está por todos lados, más que el prqueñejo, me preocuparía la humedad, que eso si puede generar en algunas serio, pero igual te entiendo, queremos habitar sin bichos.
ResponderEliminarTambién acceden por las tuberías. No hay lugar seguro. :)
EliminarSupongo que bloqueaste la selección de texto. Te sugiero que conviertas el nombre del bichito en un enlace de búsqueda para poder saber qué es ese bichito.
ResponderEliminarHe ahí el enlace. :)
EliminarNo te preocupes si leen Bajo el volcán estarás a salvo, dada la cantidad de alcohol que necesitó Malcolm Lowry para escribir su libro y que le llevó a un trágico final, No hay bicho que soporte tanta bebida.
ResponderEliminarja, ja, ja, bien visto, Doctor. Esas criaturas no creo que estén preparadas. No saben dónde se han metido.
EliminarMe hizo acordar del cuento de Cortázar, La casa sitiada. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarBueno, por lo visto están intentando sitiar el lavabo. Ya casi las tengo acorraladas.
EliminarYo no pude con "Bajo el volcán". Espero que los pececeillos de plata sean como yo y no pasen de devorar un par de capítulos :)
ResponderEliminarEs que es de una narrativa muy densa y ciertamente etílica. Los pececillos de plata podrían haber elegido "La leyenda del santo bebedor", que se encontraba al lado de "Bajo el volcán". :)
Eliminar¡Qué seres más desalmados!
ResponderEliminarYo que tú vigilaría los clásicos. Esos bichos tienen pinta de empezar por Lowry y terminar con Cervantes. Y cuando descubran el sabor de la literatura rusa, estás perdido. Y si se topen con Dostoievski, tendrás que cambiar de casa... 😂😂
Por si acaso, voy a poner a salvo mi numerosa colección de cómics de la Marvel.:)
EliminarBueno, lo más serio y preocupante sería desarrollar una fobia (dicen que el miedo es irracional) como me pasa a mí con otros bichitos archiconocidos que van también por tuberías, cocinas y baños. Por lo pronto, te tocará evitar filtraciones de agua, tapar agujeros y rodapiés y emplear productos químicos. A veces, aun con tanta tecnología, nos vemos abrumados por problemas domésticos de este tipo.
ResponderEliminarUn abrazo
Así es, Marisa. Ya he empezado la operación Exterminio Saccharina y, al margen de si tengo éxito o no, no creo que desarrolle fobia hacia ellos. La tendría que añadir a la fobia que he desarrollado hacia ciertos humanos. :)
EliminarA ver, tengo miles de libros; allí es donde más facil se pueden encontrar.
ResponderEliminar(He gestionado tres bares sociales. En cada uno de ellos puse una biblioteca personal que se iba ampliando con las donaciones de los clientes. Por no querer abrir por las noches, me rescindían el contrato, llevándome todos los libros, por el cabreo. Tengo cinco o seis 1984 de G. Orwell, no te digo más...).
Si acabaras con los pececillos y luego te entrara nostalgia, te puedo regalar unos cientos...
Sí, por lo leído, les gusta la celulosa y la cola que hay en los libros. Aunque también quiere decir que, de alguna manera, hay cierta humedad concentrada. Lo cual es raro, tratándose del comedor. Quizá es que también tienen espíritu aventurero, ja, ja.
EliminarEstán guardados en librería con puertas de cristal, y no en el comedor. Tampoco entiendo como han llegado ahí.
Eliminar¿y cómo sabes que no eres tú quién ha invadido su hogar? quizás, ahora, mismo, ellos están escribiendo en sus redes que no saben qué hacer con ese bípedo torpe que anda siempre distraído amenazando con aplastar a sus crías...
ResponderEliminarDeben odiarme, sobre todo, cuando enciendo la luz y los sorprendo. Pero yo estaba mucho antes. :)
EliminarSuerte con eso.
ResponderEliminarPara evitarme problemas similares, además del polvo, he decidido embolsar todos mis libros, los cuales son bastantes, y es una tarea infinita, porque siempre hay más, nunca menos, y cuando quiero leer algo, la bolsa termina rompiéndose y así... Pero bueno, a nadie más que a mí le importa eso.
Saludos,
J.
Hola, J. Creo que si empleo las medidas exterminadoras con rigor, la victoria será mía. Luego se trata de evitar la concentración de humedad. :)
EliminarQuizás debieras dejar que expurgaran tu biblioteca, si han empezado con Bajo el volcán parece que tienen buen criterio
ResponderEliminarPueden tener buen gusto literario, pero ha sido una mala decisión. A estas alturas ya se deben haber enterado. :)
EliminarMe he reído mucho con esta entrada. La comparación con Ripley es buenísima, pero lo de descubrir que los bichitos ya se han metido con los libros es demasiado. ¡Con la literatura hemos topado! Mucha suerte en esa batalla contra los lepismas… y que no quede ni uno.
ResponderEliminarHola, neuriwoman. Sí, esa es la intención. Han elegido el lugar equivocado para vivir. :)
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