Era su primer día en la mina. A media mañana, minutos después del almuerzo, se acercó hasta mí y me preguntó con cierto reparo y mucha urgencia lo que siempre inquieren todos los nuevos un día u otro.
Le di las indicaciones pertinentes y, sin pensárselo, se colocó el resto de su EPI (equipo de protección individual), que comprende, además de lo que ya llevaba puesto, el autorescatador de oxígeno y la lámpara recargable de LED. Luego se proveyó de una generosa cantidad de papel azul secamanos de la gruesa bobina industrial. Se puso al volante de uno de los muchos coches que utilizamos para los desplazamientos y, como una bala, se dirigió a donde lo envié.
Sonreí mientras se alejaba. Los que llevamos años trabajando en las profundidades terrenales hemos padecido esa misma urgencia más de una vez. «Espero que le dé tiempo», pensé. Y luego me pregunté qué cara traería a su regreso. Algunos novatos disimulaban su conmoción por puro orgullo. Pero los que más eran incapaces de ocultarla. Él fue de los últimos.
Volvió al cabo de unos veinte minutos y se dirigió a mí con el semblante desprovisto de urgencia, pero del todo desencajado. Y me recriminó que yo era un cabrón por haberlo mandado a hacer sus necesidades excretoras a una galería enorme y oscura, toda sembrada de mierda en diferentes fases de descomposición y apestosa como mil letrinas.
«Pues claro», contesté. «Estás en una mina a novecientos metros de profundidad». Y mi momento preferido: «¿Qué te pensabas encontrar? ¿Un jardín?».
Un jardín de rosas no era 😆
ResponderEliminarAbrazo.
No, no. Tan solo un páramo yermo de sal sin tratar, oscuro y abandonado. Para que tenga intimidad. :)
EliminarJajajaja, profundidad terrenal... estoy segura de que puso el puesto encima de un buen pedrusco sin pulir. Es lo que tiene el lado oscuro, cuesta distinguir los diamantes de la mierda.
ResponderEliminarMe ha encantado el vídeo, suenan genial 😉😘
Creo que el novato todavía no había tomado plena conciencia de dónde estaba. Celebro que te guste el vídeo, aunque no seamos enanos. :))
EliminarQué bien me ha venido a estas horas de la mañana. Vas dejando pistas, pero claro, como en los mejores relatos solo se entienden una vez leído el final y ahí se te cambia el gesto. Muy apropiado ese Diggy diggy hole.
ResponderEliminarYo siempre la tarareo cuando tengo que ir a soltar lastre, ja, ja. ;)
Eliminarhombre, no sé, al menos un ambientador de pino :)
ResponderEliminarLos mineros novatos con el paso de los días aprenden que bajo tierra, incluso lo más básico, es toda una aventura. :)
EliminarHola Cabrónidas, yo hubiera pensado que habría letrinas, pero una galería oscura y llena de excremento en verdad pone una nota de aventura a la hora de ir a liberar peso jejeje. Y bueno, si andas malito del estómago, creo que peor jajaja. Me has sacado una sonrisa y me ha gustado mucho la música. Saludos.
ResponderEliminarSupongo que no hay letrinas ni cabinas de retretes químicos porque habría que limpiarlos. Y el tiempo que habría que emplear en la limpieza es tiempo improductivo. Sale más barato irse a una galería abandonada, ja, ja, ja.
EliminarSe puso exquisito jajajaja
ResponderEliminarBesos.
Sí, pero es comprensible. Nadie llega a acostumbrarse a algo así, ja, ja, ja.
EliminarA trabajar se viene con el buzo limpio, comido y cagado, me mandaban a mí...
ResponderEliminarYa, pero hay veces que el cuerpo se reajusta sin pedirnos permiso. :D
EliminarAy, madre mía, ja, ja, ja, ja. Me pregunto si la disposición del narrador estaría por algún sitio ahí, descomponiéndose. Saludos.
ResponderEliminarLlevo treinta años por ahí abajo; imagínate... :)
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