Son las 2:34 a.m. del viernes mientras escribo esto. Con suerte, el sueño llegará dentro de cuatro o cinco horas. Sin suerte, me acostaré a las ocho de la mañana como los últimos siete días que llevo currados en el turno de noche. ¿Hay alguien tan despierto como yo al otro lado de la pantalla, y que encima tenga sus ritmos circadianos deshechos como los míos?
Supongo que no.
Son las 2:34 a.m. del viernes, cuando descubro con total estupor que el blog de mi querido y admirado Tarkion ya no existe. En su lugar aparece una página que responde al nombre de Botica Maestra.
Se me ocurren varias razones para abandonar un blog y dejar de escribir en un medio público. Y otras tantas por las que desaparecer de las redes sociales. Pero solo hay dos maneras de hacerlo: despidiéndose de los seguidores o hacerlo en silencio.
Tratándose de alguien tan comunicativo como Tarkion, con mucha presencia en sus cuentas y un talento prodigioso para la escritura, no me cabe duda de que hubiera elegido lo primero. Pero como no ha sido así, las razones que me asaltan son oscuras. No pretendo ser tremendista, pero los que lo conocieron por este medio e interactuaron con él, sabrán a qué me refiero.
¿Sigues ahí, maestro?

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