Hoy volví a entrar en tu espacio. Hoy era un día tan propicio como cualquier otro para comprobar si lo habías actualizado. Pero me encontré, más como un presentimiento que una sorpresa, que ahora solo pueden acceder a él los lectores invitados. Es decir: nadie.
Habías dado un paso más claro y definitivo para alejarte de este medio. Sucede un día u otro, claro. Pasan los años y todos dejamos de ser (unos menos que otros) aquellos alegres tarados de los primeros cinco o seis años.
Supongo que, por experiencia, durante el camino se te cerraron puertas, desaparecieron seres queridos y se rompieron tus más intensas relaciones. Y te has alimentado de alegría, sí, y también de ingentes cantidades de mierda, vomitada luego en forma de literatura y música.
Lo entiendo: era irreversible el cambio; era inevitable el fin, pues cuando morimos, dejamos el mundo lleno de gafas, calzoncillos, tangas, DNIs, pulseras, fotos amarillentas, relojes que ya no marcan la hora, recetas médicas… Meros objetos convertidos en callejones sin salida.
En vida, sin embargo, incumplimos juramentos y promesas; perseguimos tentaciones que nunca alcanzaremos y traicionamos deseos e intenciones. Y todo eso que tan bien nos define acaba en nada. Como esa bitácora que se cierra o se elimina, y pasa a engrosar una solitaria red llena de enlaces que dirigen a ninguna parte.
¡Por esas bitácoras muertas! Esperemos que tardemos bastante tiempo en engrosas sus filas
ResponderEliminarSomos pequeños resquicios de un tiempo que ya pasó. De momento, aquí permanecemos. :)
EliminarCierto, las bitacoras desde hace unos diez años son un paisaje de letras agonizantes, poco a poco la gente se fue a tik tok, se tiene mas visibilidad alli, los blog ya nadie los lee, los mismos 40 fantasmas que estan mas interesados en sus propios blogs que en el contenido de otros.
ResponderEliminarpor eso tambien me he ido poco a poco explorando youtube.
Me quiero unir a ese cementerio de letras
Si quieres afán de protagonismo e inflar tu ego, desde luego que un blog ya no es el medio adecuado. Aunque, tarde o temprano y estemos en el medio que estemos, al cementerio del residuo internáutico iremos todos, ja, ja, ja.
EliminarHola, Cabrónidas, es una pena que desparezca una bitácora, pero será como la "realidad", todo es efímero...
ResponderEliminarUn abrazo. 🤗
Bueno, piensa que la persona no desaparece, solo eligió otra afición. :)
EliminarHola Cabro, entristece que desaparezcan bitácoras que seguimos y nos parecen interesantes, más aún si tenemos cierta confianza con el autor. Pero bueno, creo que antes o después todos engrosaremos las listas de los cementerios blogueros, mientras disfrutemos del momento y de las letras de los compañeros.
ResponderEliminarUn abrazo grande🌹
Ni más ni menos. Solo unas pocas bitácoras dejarán de actualizarse porque su autor esté en el otro mundo.:)
EliminarA la larga todos seremos enlaces que no llevan a ningún lado, ni siquiera a simples recuerdos.
EliminarSaludos,
J.
Hola, J. Tan solo a la nada.
EliminarLo dices como si fuera algo malo. Yo estoy deseando abrazar la nada.
ResponderEliminarAún así, me sigue embelesado tu forma de escribir y expresarte. Espero que tú tardes muchos años en abandonar este blog.
No, si no es nada malo. A fin de cuentas también es importante saber retirarse a tiempo y dar el cerrojazo. Por el momento, creo que tengo motor para rato con este blog... si no maduro antes, ja, ja. De modo que gracias, Kiffi.
EliminarSomos la resistencia... Y lo digo un poco riéndome de mi que a veces ya no escribo.
ResponderEliminarHola, Jo. El ritmo de escritura de cada uno es muy particular, y puede variar con el tiempo, hasta que la bitácora se vuelve más productiva, o todo lo contrario. Supongo que al final, lo que cuenta, no es llegar a la última entrada del blog, porque un día u otro se llega, sino cómo se llega y de qué manera lo dices.
EliminarLeyendo esta entrada he pensando en todos esos blogs que aún paso a leer porque siguen abiertos, pero que ya nadie actualiza porque sus autores ya no están. Joder, a esa gente si que les echo de menos. Algunos se fueron avisando, otros apenas dijeron nada. Hubo quien avisó y cerró.
ResponderEliminarAlgunos de mis blogs, están aparcados,lo hago cuando no escribo en ellos, me gusta ponerlos así como dices, en modo solo lectores. Es un modo de descanso que veo viable porque no siempre me apetece escribir las mismas cosas. El bloguero veterano se reinventa mientras disfruta escribiendo, todo lo demás es lo de menos.
Supongo que la forma más apropiada de irse es diciéndolo. Hay quienes dejan el blog sin actualizar y han vuelto a los cuatro, cinco y seis años, ja, ja, ja. Luego está el cierre abrupto de que el blog solo admite a lectores invitados, y el más drástico: este blog se ha eliminado. Y de un día para otro; eso sí que desconcierta. :)
EliminarMe acabo de dar cuenta a venir a leer tu réplica que no me expresé bien en el primer párrafo de mi comentario. Me refería a los blogueros que se fueron de verdad, muerte física antes de tiempo, o al menos antes de lo que se espera vivir por media.
EliminarY sí que es cierto que a veces desconcierta ver ciertos cierres. Pero qué te esperas, si es que aquí en esto de los blogs somos todos más raros que un piojo bizco y que cada se escape por donde se pueda 😁😁
Ah, bueno. Esa posibilidad también cabe, claro. Cuántas habrá desactualizadas por eso mismo que cuentas; llenas de spam y totalmente ausentes de vida aunque no estén eliminadas. En cuanto a lo segundo: nadie conoce a nadie, ja, ja, ja.
Eliminar"Hoy volví a entrar en tu espacio" es como un trago de vino tinto: amargo, pero con un sabor que te hace saborearlo despacio. Me ha encantado cómo pintas esa sensación de vacío al encontrarte con un blog cerrado, como si fuera un símbolo de algo más grande: el paso del tiempo, las despedidas y las cosas que se desvanecen. Es muy visceral esa imagen de entrar esperando algo nuevo y toparte con un candado digital que dice "lectores invitados: nadie". ¡Menudo golpe! La forma en que hablas del cambio, de cómo los años nos van puliendo (o desgastando) y nos alejan de esos "alegres tarados" que éramos, me ha hecho reflexionar. Es como si pusieras en palabras ese momento en que te das cuenta de que la vida te ha dado palos, pero también te ha hecho más sabio, aunque a un precio alto. Lo de las "ingentes cantidades de mierda" transformadas en literatura y música es impactante, porque es verdad: a veces el dolor es el mejor combustible para crear. Y luego, esa reflexión sobre lo que dejamos atrás —gafas, fotos amarillentas, relojes parados— es como un puñetazo suave pero certero. Me ha hecho pensar en cómo todo lo que somos se reduce a objetos que, al final, no significan nada sin nosotros. La comparación con una bitácora que se cierra y se pierde en la red, llena de enlaces rotos, es una metáfora tan potente que casi duele. Es como si el texto gritara: "¡Todo se desvanece, pero qué intenso es mientras dura!".
ResponderEliminarSupongo que pasa con todo. A fin de cuentas, actuamos según nuestras prioridades, y parecer ser que, muchas veces, nuestra bitácora deja de serlo y la dejamos morir...
EliminarEn algún momento, todos estos espacios a los que tanto tiempo hemos dedicado, serán nada, la nada más absoluta... Es casi aterrado comprenderlo y, sin embargo, no dejamos de estar aquí, cada día, mientras nos queden ganas.
ResponderEliminarYo tengo un agregador de blogs, cuando lo inicio para leer las últimas entradas siempre recibo un aviso de quince o veinte que ya no dejan entrar. Los dejó ahí, no los borro, a veces sus dueños vuelven, otras veces vuelven y se han convertido en spam...
Duele un poco, sí.
Tal cual, Beauseánt, tal cual. Nosotros pasamos y ahí se quedarán todo ese puñado de letras personales que con el tiempo no importarán a nadie.
EliminarHola Cabrónidas.
ResponderEliminarAsí es la vida en general, no sólo la de las bitácoras: todo se deja atrás en algún momento: trabajos, entretenimientos, parejas, ésa camisa que tanto te gustaba, las clases de guitarra, el tabaco, el alcohol... En definitiva, todo tiene fin.
Un saludo.
Hola, Necco. Y tampoco puede ser de otra manera. Estamos de paso, y encima pasamos con la fugacidad de una estrella. Parece largo el viaje, pero es corto, corto...
EliminarTu texto me recordó un microrrelato. A ver si le ves la relación. Y si no, pucha, quedémonos, quizás, con que está cargado de una verdad que no impone (todo cae por su propio peso), de una nostalgia que hace uso de la estética y de un ego que se rinde ante las evidencias que no comprende:
ResponderEliminarLA MEMORIA DE CRSTAL
¡Tras el Apocalipsis, un radar enviado desde Júpiter para confirmar la extinción del hombre, desciende con lentitud hacia las profundidades del Océano Pacífico, donde algo parece latir. Y es que abajo del todo, en mitad de un silencio vagamente iluminado por criaturas abisales, el único espejo que la gran explosión no ha logrado romper emite en orden cronológico, antes de apagarse para siempre, todas las imágenes que componen su memoria de cristal, demorándose en aquéllas donde aparece la mujer que lo tuvo en su alcoba hasta el fin, una joven risueña que ya no existe, aficionada a bailar desnuda ante ciertas noches de verano, cuando todo era posible todavía en este rincón de la galaxia.
Hola, Julio. Veo que es un microrrelato muy bueno de ciencia ficción, mientras que el mío no lo es. No veo apenas relación. So bien los dos hablan de un final, son finales diferentes. :)
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