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6/3/26

531. Cuestión

    Son las 2:34 a.m. del viernes mientras escribo esto. Con suerte, el sueño llegará dentro de cuatro o cinco horas. Sin suerte, me acostaré a las ocho de la mañana como los últimos siete días que llevo currados en el turno de noche. ¿Hay alguien tan despierto como yo al otro lado de la pantalla, y que encima tenga sus ritmos circadianos deshechos como los míos? 

    Supongo que no. 

    Son las 2:34 a.m. del viernes, cuando descubro con total estupor que el blog de mi querido y admirado Tarkion ya no existe. En su lugar aparece una página que responde al nombre de Botica Maestra. 

    Se me ocurren varias razones para abandonar un blog y dejar de escribir en un medio público. Y otras tantas por las que desaparecer de las redes sociales. Pero solo hay dos maneras de hacerlo: despidiéndose de los seguidores o hacerlo en silencio.

    Tratándose de alguien tan comunicativo como Tarkion, con mucha presencia en sus cuentas y un talento prodigioso para la escritura, no me cabe duda de que hubiera elegido lo primero. Pero como no ha sido así, las razones que me asaltan son oscuras. No pretendo ser tremendista, pero los que lo conocieron por este medio e interactuaron con él, sabrán a qué me refiero. 

    ¿Sigues ahí, maestro? 



27/5/21

34. Vuestra cara es mi cruz

    Con la cara que tenéis por rostro solo podéis pecar. Y no es que esté pensando en el pecado carnal, aunque es inequívoco que muchas de vuestras caras seguro que son un pecado. Esto último lo demostráis en todo momento y lugar sin descanso, infectando las redes sociales como una plaga. Y da igual que poseáis facciones accidentadas, payasescas o arruinadas por un acné purulento. 

    Ni que vuestra mirada sea estrábica y vuestras quijadas de prominencia insolente o desdentadas. Aunque tampoco tiene que ser la cara común de la medianía. Basta con que tengáis una innegable carencia de amor propio y un deseo de autoafirmación nacido de vuestra penosa baja autoestima.

    La mayoría de la población mundial ha nacido con el rostro de selfie, y contagiaréis a los que todavía están por ver la luz. Venga de donde venga el rostro de Selfie, siempre transmite la misma aplastante evidencia de profunda imbecilidad. Porque necesitáis vuestros banales momentos de gloria y el estúpido reconocimiento de vuestra innecesaria existencia, por parte de todos aquellos que os conocen y son tan anodinos y ridículos como vosotros. 

    Os excitan vuestros dos segundos de protagonismo registrados para toda la eternidad, o borrados tan pronto que ni siquiera vosotros soportéis la visión de vuestra jeta atentando contra el bien. Estáis tan en todas partes en todo momento que no dejáis espacio ni para el silencio.

    Vuestro maldito rostro es mi cruz; vuestra puta cara, el rostro de Selfie.


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