La mujer que se cayó por las escaleras no es católica ni reina, pero se llama Isabel. Como leéis, no escribo en pasado respecto a ella. Es decir: no se mató. Aunque es más exacto decir que resbaló desde el primer peldaño y bajó las escaleras de culo. En ese momento accidentado, sostenía en su mano derecha un radiocasete de vastas dimensiones, en el que se reproducía, a pilas, una canción cuya estrofa decía: «La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida».
Para mi asombro, el radiocasete llegó antes que ella al piso de abajo. Dicho sea de paso, sin dejar de reproducir la canción. Desde luego, ya no hacen trastos con esa fortaleza. Pero, por encima de aquella canción premonitoria, se impuso el sonido que produjo el impacto continuado de los glúteos de Isabel contra los duros peldaños, similar al de una caótica percusión tribal.
Lo que más le dolió fue que yo lo presenciara y me riera. Supongo que por eso me mandó a tomar por culo, aunque luego acabó riéndose conmigo. Pero menos.