Durante el día podría ser el bloguero intenso y sensible. Escribiría sobre mañanas soleadas, el trino musical de los pájaros y el aleteo multicolor de las mariposas. Sobre la paz que susurra en las cumbres, la calidez de un abrazo materno y la carcajada cristalina de un niño.
Pero no estaría siendo sincero.
Durante la tarde podría ser el bloguero bueno y cercano. Te hablaría de la resiliencia, de ser positivos y vitalistas. Te hablaría de valores y te pediría que me ayudaras a descubrir dónde se ha escondido la bondad del ser humano. Trataría de convencerte de que el cambio aún es posible.
Pero te estaría mintiendo.
Durante la noche podría ser el bloguero previsible y amargado. Escribiría sobre las oportunidades perdidas y los sueños inalcanzables. Escribiría sobre la falsa tolerancia, las puñaladas por la espalda y la hipocresía de quienes nos rodean. Sobre las vidas rotas de personas no tan afortunadas como tú y yo. Sobre por qué el odio y la frustración están más vivos que nunca.
Solo entonces te estaría contando la verdad.
Cómo la trinidad, tres personas y un solo cabreo verdadero
ResponderEliminar