26/6/26

562. Magia y fuego 3

    Se dice que la Noche de San Juan es un escenario propicio para cerrar ciclos, desprenderse de las energías negativas y afrontar nuevos comienzos. Sin embargo, el loco no es santo ni se llama Juan. Incluso sus amigos más cercanos desconocen su nombre; solo saben que es un pecador, un alma libre cuya conciencia no vive entre rejas. No siente la necesidad de finalizar ni de comenzar nada y está muy cómodo con sus vibraciones espirituales. Así que se cuelga a la espalda su aparatoso dragón artificial, sale a la calurosa noche del veintitrés de junio e ilumina con lengüetazos de fuego las verbenas que encuentra a su paso.

    En un momento especialmente gracioso, el loco deja atrás a una numerosa agrupación de figuras llameantes de diversas edades que corren desordenadas hasta caer consumidas. Aún siente la hipnótica fascinación que le producen al contemplarlas cuando la voz cascada de una anciana, que proviene de una ventana cercana, lo saca de su hipnosis:

    —¡Eh, tú! ¿Qué tal si fríes a esos hijos de puta de allí? ¡Aquí no hay quien duerma, maldita sea!

    De otra ventana del mismo edificio asoma un niño pecoso de unos diez años. Tiene en su regazo una temblorosa y gimoteante bola de pelo y, con su vocecita al borde del llanto, el infante implora:

    —Señor, haga algo. Mi perrito no para de vomitar.

    En efecto, una calle más abajo hay un escandaloso grupo de jóvenes y adultos participando en una orgía pirotécnica de considerables proporciones. El loco piensa que hay que aprovechar las oportunidades que se presentan para hacer el bien. Así que actúa como la madre naturaleza: decisivo y contundente, sin hacer distinciones. Su dragón de hierro ruge de cuatro a cinco veces, se hace el silencio y una treintena de ciudadanos incandescentes corren en todas direcciones como brasas azuzadas por el viento.

    El loco oye unas sirenas a lo lejos, lo que significa que algún ciudadano ejemplar ha llamado a los perros amaestrados del amo. Aunque también podrían ser los paramédicos. Si ve aparecer a los mismos que cargan por la espalda contra profesoras jubiladas cuando estas se manifiestan para reclamar mejoras educacionales, el loco les presentará el infierno. A veces tiene ciertos estados de lucidez y elige bien.

    La fiesta del fuego seguía su curso en varios puntos de la ciudad y la gente se congregaba alrededor de las piras como si fueran deidades. De vez en cuando, algunos lanzaban ofrendas a las llamas. La gente quemaba cosas y el loco quemaba personas. En su mente, todo era lógico y fluido.


 

12 comentarios:

  1. hemos domesticado el fuego, apagado la llama que latía en cada uno de nuestros corazones, porque latía, te aseguro que latía. Pero el sistema educativo fue implacable con nuestra llamita, paso a ser una cerillita, luego una inofensiva luz le de bajo y consumo y, al final, la nada más absoluta...

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    1. Ahora solo hay ruido y desencanto. Y poca cordura...

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  2. Claaaro, quemar gente era el objetivo del loco, en su celebración.
    Abrazos.

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    1. En su particular celebración de San Juan, claaaaaaaro. :)

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  3. El loco es un ser práctico. Mientras hay quien quema el nombre del jefe que le hace la vida imposible, o del vecino que le cae mal... el loco quema al jefe y al vecino. ¿Efectividad?
    SAludos.

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    1. Así todos contentos. O solo él. Hola, Manuela. ;)

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  4. Vaya descuerdo entre quien es el centro del fuego, y sus adoradores que puden ser precipitados al fuego. Un abrazo. Carlos

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    1. Hola, Carlos. Es un asunto, digamos... de lo más candente. :)

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  5. Se necesita mucho más fuego, más del que puede conseguirse en una sola noche, para que al menos algo cambie.
    O acabemos todos muertos de una vez.

    Saludos,
    J.

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    1. Hola, J. Yo creo que si existe algún elemento capaz de obrar un gran cambio, es de origen desconocido. Extraterrestre, como poco.

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  6. Seguro que estaba loco, no lo haría con conocimiento de causa, y más cuando estaban en plena orgía pirotécnica

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    1. Por supuesto, el loco no lo es por simpatía, ja, ja, ja.

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