21/8/26

578. Un número más

    Solano no es viento ni está caliente. Lo cual no significa que pueda estarlo en alguna otra ocasión. Solano tan solo es un nombre desafortunado, impreso en su DNI y escrito a mano en su partida de nacimiento.

    Un número más en la base de datos. Otro desconocido entre desconocidos.

    Solano abre la puerta de su piso pequeño y viejo. Al otro lado solo hay silencio, oscuridad y vacío. A veces piensa que le gustaría oír una voz que no fuera la suya. Ni siquiera tendría que ser una voz que le dijera «vuelve pronto». Se conformaría con una voz de reproche o contradicción.

    Una vez llamó a Momentos, pero fue un error porque no supo qué decir. Ni se le pasó por la cabeza llamar a Hablar por hablar.

    Otra opción sería hacer como hizo Edu en las Navidades del 97. Pero no es Navidad. Solano permanecería en silencio, concentrando todos sus sentidos en la voz del otro lado de la línea hasta que le colgara. Después volvería a llamar, una y otra vez, hasta encontrar, quién sabe, una voz.

    Al final, acaba acostándose con el fracaso y el cansancio.



18/8/26

577. La radio

    La radio es un gran invento. La pongo siempre que almuerzo, como y ceno. Normalmente escucho Catalunya Ràdio y RAC1, aunque otras veces sintonizo la Cadena SER y RNE.

    Pensaréis que exagero, pero escuchar según qué emisoras mientras se come entraña un serio peligro: la comida te puede sentar mal o puedes atragantarte con ella por un acceso de risa.

    Esto último me sucedió ayer cuando, en un arrebato de pluralidad informativa, sintonicé la COPE. En ese momento, mientras yo me nutría, un locutor narraba, con rigurosa profesionalidad, la actualidad de lo que acontecía en Ceuta.

    Su relato, delirante y apocalíptico —deudor de exitosas producciones cinematográficas como Guerra Mundial Z y Mad Max—, era capaz de sobrecoger al corazón más apático.

    El avezado cronista radiofónico y sus colaboradores, afines a la causa, estuvieron a punto de convencerme de que el Gobierno actual debería ser condenado por crímenes de lesa humanidad.

    Menos mal que me dio la risa.




14/8/26

576. Fecundación total

    Fueron muchas las personas que no se desplazaron para presenciar el eclipse. Por ejemplo, hubo varias parejas heterosexuales que, en pecado o en matrimonio, eligieron el día del evento astronómico para copular sin protección. Ya fuera por creencias o por estúpidas tradiciones ancestrales, la idea de concebir una vida en un día tan especial les resultaba especialmente atractiva y simbólica.

    Algunas de esas parejas llevaron la concepción un poco más lejos. Los machos, siguiendo cálculos previos y atendiendo a las exigencias de las hembras, eyacularon dentro de ellas justo cuando la tarde se hizo noche. Mientras miles de personas aplaudían, con la mirada protegida y dirigida hacia el horizonte solar, millones de espermatozoides iniciaban su carrera hacia el óvulo. Durante la fase de totalidad, cientos de hembras fueron fecundadas y la suerte quedó echada.

    Algunas de esas gestaciones contribuirán a la perpetuidad de la especie, sí. Y otras terminarán en abortos o en bebés estrella.




11/8/26

575. Piscina y zonas verdes

    Es verano y la piscina está llena de niños que corren detrás de insectos y de otros niños. Sus madres retozan sobre las toallas extendidas, con el móvil entre las manos y un cigarro entre los dedos. Fuman como carreteros, hablan gilipolleces y sueltan tacos con una naturalidad que, dentro de unos años, se verá reflejada en la boca de sus hijos. Se llevarán las manos a la cabeza —no porque tengan algo dentro— y les parecerá intolerable. «¿Dónde habrá aprendido este niño a hablar así?». Probablemente no recordarán aquellas tardes.

    El agua está caliente como el asfalto y tiene un color sospechosamente parecido. Los chavales se revuelcan en el césped, que ya no es césped, sino hierba marchita, crema solar y restos de verano. Algunos se buscan, se encuentran y se ocultan bajo una toalla. Otros leen libros ensalzados por la crítica que parecen escritos para que nadie tenga que recordar una sola frase cuando llegue septiembre.

    Hay también un socorrista que despierta las fantasías sexuales de las madres fumadoras y de los homosexuales —masculinos, conocidos y desconocidos— que hay en la piscina. Está sentado bajo una sombrilla publicitaria que incita al consumo de drogas blandas, dormitando con los ojos abiertos y una expresión ausente. Algunos lo miramos de reojo y hacemos cálculos. Si alguien se ahoga, ¿cuánto tardará en darse cuenta? ¿Llegará a levantarse? ¿Sabrá nadar?

    Eso es el verano en los barrios de algunos pueblos: piscinas comunitarias siempre más llenas que cualquier biblioteca o librería; niños poco vigilados que harán bullying el día de mañana; adultos descontentos con sus trabajos, agotando el último día de vacaciones bajo las sombrillas. Y, más allá, rotondas con flores de plástico plantadas por el ayuntamiento para que parezca que hay algo vivo entre tanto cemento.

    Pero contarán como zonas verdes.

    Supongo.




9/8/26

574. El cuarto ángel

    Te veo. Desvío los ojos hacia los tuyos y sé lo que estás pensando. No pronuncias palabra, pero tu cara habla con claridad. Deseas con todas tus fuerzas que este verano infernal se convierta en un recuerdo que olvidar con la llegada de noviembre. 

    Odias el calor estival, no hay duda.

    Al cruzarnos, quizá me miras tú a mí y, en ese instante fugaz, lees en mis ojos que a mí sí me gustan los veranos que derriten asfaltos y cuecen neuronas.

    No puedo evitar sonreír. He visto a gente con tu misma expresión facial arrancarse la piel a tiras para aumentar su desnudez y refrescarse. Es el precio que hay que pagar si no quieres quedarte recluido en casa, frente al split del aire acondicionado. Pero hay tantos funcionando a pleno rendimiento que terminan aumentando la temperatura de la calle. Casi no parece haber escapatoria, ja, ja, ja. Aunque siempre puedes ponerte a remojo en el caldo de fluidos y secreciones de piscinas y playas.

    Lo que no puedo discernir, por mucho que me fije en tus gestos, es si eres un negacionista del cambio climático. Si todavía tal fenómeno te sigue sonando a ciencia ficción, pese a las evidencias científicas. Yo no recuerdo veranos de mi infancia tan calurosos y disfrutables como los de los últimos cinco años. Ni inviernos tan poco fríos.

    ¿Será esta sensación anormal de abrasión un indicador de la llegada del Apocalipsis?

    Bueno, he leído que el cuarto ángel llegará con el poder de afligir a los hombres con fuego y un intenso calor.



4/8/26

573. El Loco pasa el verano

    Como es bien sabido, los incendios proliferan en verano. Lo que nadie ha advertido es que, durante esos mismos meses, también cesan los homicidios y las desapariciones en la ciudad.

    El Loco considera que hace demasiado calor para salir a buscar a alguien con quien divertirse; ya socializará cuando desciendan las temperaturas. Mientras las llamas devoran el verdor del extrarradio y amenazan las urbanizaciones aisladas, él prefiere pasar las tardes jugando con sus muñecas.

    La primera nació tras su primer triple homicidio, hace veinte años. Desde entonces ha reunido más de doscientas: rubias, morenas, pelirrojas... Cada una confeccionada con mimo y esmero a partir de fibras musculares, retazos de piel y fragmentos de ser.

    Vestido con la misma lencería fina que las cubre a ellas, las sienta alrededor de la mesa para tomar el té. Les sonríe y les habla con suavidad. Si le conceden permiso, las acomoda en su regazo y las peina con la devoción de un padre. Aunque, a veces, las desnuda y hace con ellas lo que un padre jamás haría.

    El Loco, al igual que nosotros, necesita sentirse amado.


    

31/7/26

572. Diez dedos o veintisiete teclas

    Tengo diez dedos con los que poder acariciarte si estuvieras aquí. Pero, como siempre estás lejos, lo intento con veintisiete teclas. Ahora mismo son las dieciocho y cincuenta y tres. Pese a la ola de calor, tengo la ventana abierta. Ráfagas de aire caliente me visitan de vez en cuando y azuzan los árboles, mientras los sonidos habituales de la ciudad se mezclan con los ritmos musicales que he elegido para esta tarde.

    No son los habituales, los que me zarandean y me vuelan la cabeza desde el minuto uno. Hoy, el tema escogido llega hasta mí flotando como el humo del polen y me envuelve con la cadencia de un mundo sin prisa. La base rítmica se entrelaza con pereza en mis dedos hasta armonizar con el sonido mecánico del tecleo lento, pero sin pausa.

    Hoy quería llegar hasta ti y tocarte una vez más. Diez dedos o veintisiete teclas, pero Pure Negga se ha apoderado de mis manos y me ha desviado del camino.




28/7/26

571. Síndrome postvacacional

    Está escrito en un libro sagrado que Lázaro regresó de la muerte. Una voz le ordenó que saliera, y salió. Eric Draven también regresó de su tumba, con un cuervo sobre el hombro y el deseo de venganza ardiéndole en la mirada. Pues a mí me pasa algo parecido, pero a la inversa: regreso de las vacaciones al trabajo.



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