13/2/26

525. En la consulta

    Estimado lector y querida lectora, esto que a continuación relato ocurrió tal cual.

    Antonio, alias Carabú dado su rostro difícil, al final accede a someterse a una sesión de hipnosis para curar su migraña. No por desesperación, ni tampoco porque la ciencia, por el momento, sea incapaz de ofrecer una cura definitiva, sino porque fue tal el empeño de su mujer que llegó a ser peor que la propia dolencia. Es decir: Carabú no tuvo más remedio, ni para lo uno ni para lo otro.

    Así pues, llega el día concertado y Carabú, en compañía de su mujer, entra en la lujosa consulta del hipnotista. Hacen las presentaciones de rigor y hablan de sus episodios de migraña, que suelen ser recurrentes e intensos. Acto seguido, por petición expresa del hipnotista, Carabú se tumba en un diván y cierra los ojos. Su mujer está sentada en un sillón, a cierta distancia, para no perturbar la conexión preternatural entre sanador y paciente.

    El hipnotista, desde la penumbra y con voz entrenada, insta a Carabú a que se relaje y visualice un entorno paradisíaco bañado por un sol que no quema. Al cabo de un eterno minuto de reloj, el hipnotista le pregunta a Carabú si ya está inmerso en su visualización. «Sí, estoy», contesta Carabú sin convencimiento alguno. Su mujer se intranquiliza, pues conoce a su marido y sabe que no visualiza un carajo. «¿Ves el sol, Antonio?», continúa el hipnotista. «¿Ves tu sol en todo su esplendor?». «Eh... sí, lo veo», responde Carabú en pleno trance con un carraspeo. Su mujer no cree una palabra. Va a pasar algo de un momento a otro, está segura. «Bien, Antonio, pues, si lo ves, viaja hasta él y traspásalo».

    En ese momento, Carabú se levanta del diván con una agilidad inusitada y un reniego, coge a su mujer de la mano y le contesta al hipnotista que lo único que va a traspasar es el umbral de la consulta para salir y no regresar jamás.



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