Llevo año tras año reincidiendo en un error de calificación, que estriba en tachar de hijos de puta a fascistas, dictadores y opresores en general. No es correcto decir, por ejemplo, que Franco fue un hijo de puta alumbrado allí en Ferrol. Y no es que yo sienta más desprecio y aberración por el Caudillo que por otros seres de diverso calado histórico y más o menos de la misma ralea, como Mussolini, Hitler, Stalin, Husein, Abu Minyar al-Gaddafi, Walter Ulbricht, Mao Zedong, Pinochet, Wojciech Jaruzelski y demás ratas aborrecibles, asquerosas y, en definitiva, asesinos en masa.
El caso es que encuentro demasiado benévolo calificar de hijos de puta a esos asesinos, que a tantos millones de personas han privado de su vida y de un mejor destino. Más que nada y entre otras cosas, porque entre las prostitutas que lo son por necesidad, las hay decentes, honradas y, en consecuencia, buenas personas. Y siendo así, incurro en un error y no es de recibo que los considere hijos de alguna de ellas.
Sin ir más lejos, las personas ahora ancianas de esta España cerril y mohosa que sufrieron el azote inmisericorde de la tiranía, como son más educadas que yo, dirían que Franco fue parido por una mula. Como ya se sabe, es una de esas bestias del reino del Señor, híbridas y estériles. Y que, por consiguiente, no vio la luz por el orificio esperado y natural; ese que tienen las hembras, que desata las pasiones más turbulentas y por el que hasta se derriban imperios. Sino que fue parido por el culo de la mula, donde hay un orificio del que, como es bien sabido y de forma natural, salen gases malolientes y mierda.
De verdad creo que he iniciado el año con una inexplicable sensibilidad que hace que sea más delicado y correcto en todo aquello que escribo y hablo. Por lo que, a partir de la publicación de esta entrada, intentaré —que no es lo mismo que prometer— calificar a los que llamo hijos de puta como malnacidos de mierda. Y así yo contento, y las prostitutas y las mulas también.
Feliz jodido año 2023.